Venezuela: Todo lo parecido al 2002 no es ninguna coincidencia

Por Álvaro Verzi Rangel

La prensa hegemónica mundial y latinoamericana insiste en un (imposible) fraude electoral y un clima de guerra civil en Venezuela tras el ajustadísimo triunfo del candidato chavista Nicolás Maduro.

Alientan una violenta etapa de desestabilización lanzada por sectores opositores que parecen un revival del golpe de 2002.

Pero el contexto regional ha cambiado: los observadores internacionales hablan de transparencia y limpieza electoral y todas las naciones de la región felicitan al candidato triunfador. Los estallidos de violencia parecen ser mucho más mediáticos (o mediatizados) que preocupantes, aunque los cacerolazos suelen retumbar en los valles de las grandes ciudades venezolanas. Las escasas dos semanas de campaña electoral transcurrieron en un clima tenso, pleno de alertas ante posibles sabotajes, intentos de desconocimiento del triunfo de Maduro por parte de la oposición, y un plan desestabilizador donde participaban mercenarios salvadoreños, paramilitares colombianos y funcionarios estadounidenses.

Si en 2002 se denunció el golpe de Estado venezolano como el primer “golpe mediático”, experiencia que se intentaría repetir sin éxito en Bolivia y Ecuador, pero sí en Honduras y Paraguay. Esta vez se puede hablar de un intento de golpe mediático y cibernético, con hackeo de cuentas e instigación a la violencia y la desestabilización a través de las llamadas redes sociales, metodología que seguramente intentarán “exportar” a otros países latinoamericanos…Ya durante las últimas semanas se habían registrado una serie de la acciones violentas llevadas a cabo por grupos de “estudiantes” opositores, las que según fuentes de inteligencia, son pagadas directamente por funcionarios de la embajada estadounidense al coordinador de esas actividades, Gabriel “Gaby” Arellano, empleado de la estatal Universidad de Los Andes.

Las investigaciones apuntan a la funcionaria estadounidense Sharon Vanderbeele, oficial de la estación de la central norteamericana de Inteligencia CIA en Caracas -bajo la fachada de la oficina de Asuntos Regionales (ORA), cargo que ejerce desde 2011. Vanderbeele sustituyó a Michel Roberts en la tarea de asesoramiento y financiamiento a la oposición venezolana por parte de la CIA, que no es la única entidad estadounidense que apoya económica y logísticamente al antichavismo. Once años atrás, el analista Aram Aharonian escribía: “Un periodista español decía la semana pasada, tras el frustrado golpe de Estado contra el gobierno constitucional de Hugo Chávez: “¡Qué olor a hamburguesa, jabugo (jamón serrano) y petróleo!” Obviamente, el hombre sabía de qué hablaba: de la participación de funcionarios estadounidenses, españoles y salvadoreños en la asonada encabezada por el líder empresarial Pedro Carmona”.

Once años después, el libreto quiere ser repetido, aunque el contexto latinoamericano-caribeño y mundial es diferente. Pero, no es casual que los de los dos países que reconocieron como presidente al golpista Carmona en abril de 2002, el español de Aznar (hoy de su delfín, Mariano Rajoy) y el de Estados Unidos de la doctrina Monroe (es lo mismo que el administrador de turno sea George Bush o Barack Obama), hoy duden de los resultados electorales en Venezuela. El canciller español dijo que no reconocería los resultados, en un tono por demás injerencista. El portavoz de la Casa Blanca, Jay Carney agregó que su país considera un paso “necesario” una auditoría de la elección presidencial del domingo en Venezuela, y estimó que debía hacerse antes de que fuera proclamado el candidato oficialista Nicolás Maduro. (Éste es presidente proclamado oficialmente desde el lunes 15 y asume ante la Asamblea Nacional el viernes 19).

A este coro se sumó –sorpresiva aunque no sorprendentemente- el secretario general de la OEA, el chileno Insulza. Sorpresivamente, porque la misión de la OEA encabezada por el gobernador del estado estadounidense Bill Richardson, avaló la transparencia de los comicios. Otra perla para Insulza, quien no consultó a los representantes de los países, que ya habían reconocido el triunfo de Nicolás Maduro. Hace once años, los embajadores de Estados Unidos y España, Charles Shapiro (quien antes manejó el escritorio Cuba en el Departamento de Estado), y Manuel Viturro, se reunieron con el presidente de facto Pedro Carmona, después de que éste disolviera la Asamblea y las principales instituciones. Esta vez funcionarios de la embajada estadounidense (recordar que los embajadores fueron retirados) y de la “cooperación” española estuvieron detrás del asesoramiento y financiamiento del candidato opositor y de la desestabilización del país.

Una de las consecuencias del golpe de 2002 era la desnacionalización del petróleo: privatización de Petróleos de Venezuela S.A (PDVSA) y la venta CITGO, de la filial de ésta en EEUU, en la cual están interesados tanto las trasnacionales estadounidenses como la Repsol española, para poner fin de la reserva del Estado venezolano sobre el subsuelo y la decisión soberana del Estado sobre los recursos naturales del país. En el 2002 se contó con la activa participación en el golpe y en el financiamiento del mismo, del empresario Isaac Pérez Recao, del cual Carmona era empleado en la petrolera Venoco.

Una alta fuente militar amplió a la agencia France Press que Pérez Recao ordenaba a un pequeño grupo “extremista de derecha, que estaba fuertemente armado, incluso con fusiles lanzagranadas, […] bajo la conducción operacional del contralmirante Carlos Molina Tamayo”, uno de los oficiales que ya se había rebelado públicamente contra Chávez en febrero pasado, y que ya estaba a cargo de la Casa Militar de Carmona, que “pertenecía a una empresa de seguridad, propiedad de ex agentes del Mossad”.

En 2013, el gobierno venezolano expulsó a dos agregados aeronáuticos de la embajada de EEUU (David del Mónaco y Debling Costal), acusados de presionar a oficiales en actividad para satisfacer las pretensiones de la estrategia opositora. De todas formas, el candidato opositor Henrique Capriles Radonski admitió públicamente que algunos militares en actividad que lo respaldaban estaban presos, acusados de delitos electorales. Similar a lo ocurrido en 2002, la estrategia de la oposición en 2013, apunta a ir creando un imaginario de que las filas chavistas se iban desintegrando, con la deserción –por goteo- de algunos oficiales en actividad (cada uno cargaría una mochila de denuncias que los medios difundirían nacional y mundialmente) y, por qué no, de algunos funcionarios chavistas.

Para recordar: en 2002 James Rodger, adscrito a la agregaduría militar de la embajada en Caracas, secundó con su presencia la sublevación, instalado en el quinto piso de la Comandancia del Ejército, desde donde asesoró a los generales sublevados. En abril de 2002 llamó la atención el caso de dos salvadoreños detenidos, que formarían parte de un escuadrón de la muerte entrenado para realizar atentados en diversos países latinoamericanos (antes en Cuba y Panamá, luego en Venezuela). Nuevamente en 2013 el ministro del Interior, Néstor Reverol, denunció el ingreso al país de dos grupos de mercenarios salvadoreños, que intentarían asesinar dirigentes chavistas.

El primero, liderado por un excoronel de la Fuerza Armada de El Salvador, David Koch Arana, quien actúa como jefe operativo bajo la dirección del diputado ultraderechista Roberto D’Aubuisson, y el segundo dirigido por Guillermo Cader Acuña -quien ya había enviado en 2010 a Venezuela al terrorista Francisco Chávez Abarca, detenido en 2010-, y el excontralmirante Marco Antonio Palacios Luna. Posteriormente se dictó orden de captura contra otro supuesto mercenario salvadoreño, Julio Alberto Cornejo Quintanilla. Reverol también dio a conocer dos audios sobre conversaciones entre Koch Arana y D’aubuisson suministrados a los órganos de inteligencia del Estado, grabados el 23 y 25 de marzo, en los que hablan sobre las operaciones diseñadas para desestabilizar el país.

En aquellos días de abril de 2002, 11 años atrás, el pueblo recató a su presidente constitucional y lo repuso en el poder, terminando con las 47 horas de dictadura de Carmona “el breve”.Hoy Venezuela ha avanzando con su revolución bolivariana, cuenta con soberanía comunicacional y con la solidaridad de los pueblos (y gobiernos) de la región.

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El Polo y los uribistas, tan cerca y tan lejos

 

 
Tomado de Semana.com   

Aunque son de orillas opuestas coinciden en oponerse a Santos.

¿Oportunismo político o identidad ideológica?

Uno de los principios del magnetismo es que los polos opuestos se atraen y los semejantes se repelen. En política, a veces, también sucede. Por esta razón, en algunas coyunturas, sectores de izquierda y de derecha coinciden. Ese es el caso del Polo Democrático Alternativo y el uribismo; dos fuerzas políticas que hoy se encuentran en la oposición al presidente Juan Manuel Santos, pero que en el pasado fueron contradictores acérrimos.

Esta semana el Polo Democrático Alternativo y el uribismo se opusieron a la marcha impulsada por el presidente Santos, el alcalde de Bogotá Gustavo Petro y la Marcha Patriótica a favor del proceso de paz. Pero no es la primera vez que estos sectores adversarios se encuentran en la misma orilla. En la historia reciente las dos fuerzas políticas han coincidido por razones distintas en el apoyo a los cafeteros y oposición a la Reforma Tributaria y al Marco Jurídico para la Paz. ¿Por qué?

Para el estratega político Camilo Rojas, no se trata de coincidencias programáticas ni ideológicas, por lo cual es impensable una alianza futura. “Se trata de oportunidades políticas, no de identidades ideológicas, en un momento en el que se vislumbra una campaña electoral”, dijo.

La marcha del 9

El Polo Democrático y el uribismo no salieron a marchar a favor del proceso de paz. El Polo explicó en su momento que esta era una marcha para respaldar la reelección de Santos y aunque el partido respalda el proceso de paz, sus voceros indicaron que no se prestarían para legitimar una reelección presidencial. Aunque no lo mencionaron en público, también es cierto que el Polo discrepa del alcalde Petro, pues este se salió del partido y se convirtió en su principal crítico.

La oposición del uribismo, por el contrario no fue solo a la marcha sino al proceso de paz. En varios escenarios el expresidente Álvaro Uribe ha dicho esta marcha era “para avalar la combinación de política y terrorismo”. El senador uribista Juan Carlos Vélez, explica esa aparente coincidencia: “Somos dos formas de oposición distintas”.

El paro cafetero

Lo que ocurrió durante el paro cafetero también fue sorprendente. En una foto aparecieron el senador del Polo Democrático Jorge Robledo y su homólogo uribista Juan Carlos Vélez Uribe en la misma mesa creada por los congresistas para evaluar la crisis de la caficultura. En este caso los dos sectores se unieron para respaldar las protestas y cuestionar el papel del gobierno, pues consideraban que este había desatendido a los productores de café. En una declaración conjunta firmaron una declaración en la que pidieron al gobierno del presidente Santos  que atienda “los muy justos reclamos de los cafeteros”.

Para el politólogo Javier Duque, esta coincidencia fue oportunismo político de un lado y coherencia ideológica de otro. “La anuencia con la protesta social tenía motivaciones diferentes: el Polo lo hacía porque ha sido un partido de masas de izquierda; mientras que Uribe es la primera vez que se une a una protesta y lo hizo para sacar provecho”.

La reforma tributaria

Al final del año pasado, el Congreso aprobó una reforma tributaria que entre otras cosas aumentó el impuesto de renta para la clase media, desmontó los parafiscales y quitó las exenciones tributarias a algunos sectores económicos protegidos por el gobierno de Uribe. El uribismo, a pesar de ser una fuerza minoritaria en el Congreso, se declaró en contra de la iniciativa. Dos senadores de La U votaron en contra del proyecto al lado de los congresistas del Polo.

Sin embargo, las razones fueron distintas. De un lado el uribismo estaba defendiendo uno de los huevitos del exmandatario que es “la confianza inversionista”, que se trataba de una lista de gabelas y exenciones tributarias al gran capital. Mientras que el Polo lo hizo porque considera que con el desmonte de los parafiscales y el aumento de los impuestos la clase media salía perdiendo.

Marco legal para la paz

Tal vez una de las primeras coincidencias entre las fuerzas de oposición al gobierno fue en el momento en que el Congreso discutió el marco Jurídico para la Paz, que es una ley que pretende allanar el camino para una eventual desmovilización de las FARC. 

Este proyecto de ley, cuya discusión arrancó sin que se conociera los acercamientos entre el Gobierno y la guerrilla, puso en la misma órbita a los representantes Iván Cepeda, del Polo, y a Miguel Gómez, de la U. Los dos argumentaron que ese proyecto podría generar impunidad. El representante de la izquierda explicó en su momento que la ley tenía graves falencias, pues creó un principio para priorizar los casos y suspender las acciones penales a actores armados. Y Gómez consideró que podía generar las condiciones para que los guerrilleros sean indultados y debilitaba a las fuerzas armadas.

En los dos casos, las razones que motivaron su oposición fueron los principios: el Polo porque tradicionalmente ha defendido a las víctimas, aunque está de acuerdo con la salida negociada; y los uribistas porque consideran que la paz no debe estar por encima de la justicia. Aunque las dos fuerzas políticas son de oposición a Santos, cada una lo hace a su manera. Lo cierto es que hace cuatro años nadie se imaginó que polistas y uribistas tendrían tantas coincidencias.

“Uribe debe ser investigado por espionaje”: Navas Talero

Tomado de Semana.com   

El representante a la Cámara por el Polo Democrático Alternativo, Germán Navas Talero dice que el ex-presidente incurrió en ese delito por su famoso trino de las coordenadas.

El ex-presidente Álvaro Uribe sí se habría metido en problemas por haber trinado las coordenadas del área donde habrían cesado operativos militares para facilitar el traslado a La Habana a los nuevos negociadores de las FARC, ‘Pablo Catatumbo’, entre ellos. Ese es el concepto del congresista de la oposición Germán Navas Talero quien le dijo a Semana.com que encontró el delito en el que habría incurrido el expresidente. “Debe ser investigado por espionaje”.

Navas Talero, quien demandó recientemente a Uribe por traición a la patria, por su responsabilidad en la defensa de la nación previa al fallo de La Haya sobre San Andrés, escarbó en el Código Penal y encontró que en el artículo 463 de esa norma se sancionan conductas como la del ex-presidente Uribe con su polémico trino, calificado de “irresponsable” por el presidente Juan Manuel Santos.

Dicho artículo, incorporado en el capítulo de delitos contra la seguridad del Estado, define el espionaje de la siguiente manera: “El que indebidamente obtenga, emplee o revele secreto político, económico o militar relacionado con la seguridad del Estado”, y la sanción que establece es la prisión entre 64 a 216 meses, es decir entre 5 y 18 años de cárcel. Navas, en su interpretación dice que Uribe obtuvo indebidamente un secreto político y militar de seguridad de Estado, lo empleó y lo reveló. “Ahí está muy claro”.

El congresista del Polo descartó por ahora denunciar al expresidente Uribe por este delito porque el fiscal general anunció una investigación. Navas considera que el camino es abrir un expediente por espionaje.

Venezuela: Sólo un triunfo de Maduro garantizará la continuidad del proceso integrador

Por Aram Aharonian

Para los gobiernos y movimientos progresistas latinoamericanos y caribeños es crucial el triunfo de Nicolás Maduro en las elecciones presidenciales del 14 de abril próximo, que marcará el inicio de la transición al chavismo sin Chávez, para impedir el reposicionamiento de la derecha en la región. Por ello no extraña que organizaciones y personalidades se hayan manifestado en este sentido. Una eventual derrota del chavismo (sorpresas te da la vida, diría Rubén Blades) significaría, sin lugar a dudas, un retroceso significativo en el proceso de integración regional, del cual el fallecido Hugo Chávez fue la locomotora, un proceso basado en la solidaridad y la complementariedad.

“No es la economía brasileña o argentina la que se vería afectada, sino toda la economía latinoamericana, afectando especialmente a los países más débiles o retrasados desde el punto de vista industrial”, señaló el historiador brasileño Valter Pomar, secretario ejecutivo del Foro de Sao Paulo. El Foro de São Paulo, reúne a partidos de izquierda de América Latina y el Caribe, entre ellos los que gobiernan hoy en Bolivia, Brasil, Cuba, Dominica, Ecuador, El Salvador, Nicaragua, Perú, República Dominicana, Uruguay y Venezuela. Varios de estos estados integran, asimismo, la integracionista Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA).

“Estamos preocupados en el sentido de que la derecha está armando un operativo internacional, no solamente operativos nacionales, para golpearnos. Hay un proceso de contraofensiva de la derecha en la región, como se ha visto en Honduras y Paraguay, este último un caso de golpe parlamentario (…) La derecha no consigue golpearnos en los principales países que gobernamos, pero tampoco nosotros conseguimos sacarlos por ejemplo de México. Este equilibrio relativo no va a durar para siempre “, dijo Pomar. Pero más allá de lo expresado públicamente por Pomar, hay preocupación por el avance de los sectores derechistas enquistados en Unasur, máxime cuando se presentan las candidaturas de dos expresidentes autocalificados como progresistas y que en realidad poco han hecho (más allá de las palabras) por la integración regional, como Tabaré Vázquez y Michelle Bachelet.

Maduro, candidato elegido por Chávez y presentado por el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), se enfrenta a Henrique Capriles, postulante por segunda vez en seis meses a la presidencia (perdió ante Chávez en octubre) de la variopinta coalición opositora Mesa de Unidad Democrática. Se miden en una campaña electoral que se libra con pocas propuestas y una proliferación de golpes bajos. Abril es un mes de recuerdos para los venezolanos: el lacerante del 11 de abril de 2002, cuando se produjo el golpe de Estado contra Chávez, y glorioso, tres días después, cuando el pueblo repuso a su Presidente. Lo cierto es que quienes participaron en la aventura golpista de hace 11 años se empeñan en reivindicarla.

No será fácil para Capriles, quien deberá enfrentar la llave Maduro-Chávez, vínculo definido por la intimidad, la pasión y el compromiso: “No es Chávez, tú eres el problema, Nicolás”, señala en sus discursos. “Yo lo considero mi maestro padre, guía, mi protector. No es que yo lo quiera imitar, es que yo lo admiro”, ripostó Maduro, quien se comprometió en llevar adelante el Plan de la Patria (2013-2019) que entregó Chávez. Las denuncias de incitación a la desestabilización son permanentes: “Los estadounidenses Roger Noriega y Otto Reich, detrás del plan. Su intención es desestabilizar Venezuela en vísperas de las elecciones”. “La derecha se retirará de las elecciones o cantará fraude. Alertas”, indicó Maduro. En respuesta a las declaraciones injerencistas de la funcionaria estadounidense Roberta Jacobson, quedó formalmente diferido el canal de comunicación establecido entre Venezuela y el gobierno de Estados Unidos (para normalizar las relaciones), confirmó el canciller Elías Jaua.

Diversos analistas señalan que si la derecha perdiese las elecciones de abril no tendrá otra opción activa y practicable en lo inmediato que la conspiración golpista con ayuda extranjera. Por ello no extraña que las Fuerzas Armadas Bolivarianas sean descalificadas nacional e internacionalmente por una ofensiva mediática de la derecha. Buscan deslegitimar su accionar previo a las protestas y sabotajes que el oposicionismo activaría en las principales ciudades venezolanas, señalan voceros chavistas. La derecha –y Estados Unidos y algunos países europeos detrás de ella– se ha lanzado a una campaña electoral que quiere hacer saltar por el aire, retirando lo antes posible y con escándalo la candidatura de Capriles para preparar un golpe y una eventual intervención extranjera (o el apoyo del Pentágono a los insurrectos), señalan.

Sin embargo, el general John Kelly, jefe del Comando Sur de los Estados Unidos afirmó que “la expectativa es que gane Nicolás Maduro”, el 14 de abril, al responder a la pregunta del comité de las Fuerzas Armadas del Congreso. Sin embargo, añadió que Maduro no tiene el “carisma” que tenía Hugo Chávez, pero que “las cosas continuarán como están en Venezuela” en los próximos tiempos. Kelly agregó que en Venezuela existe un problema, y es su economía, un mensaje similar al que busca difundir la derecha venezolana. Calificó de “tambaleante” la situación económica, en particular la de la industria petroquímica que describió como “vieja, y que necesita mucho dinero para renovarse”. Al referirse a la solidaridad de Venezuela para que sus vecinos latinoamericanos y caribeños, dijo que “cualquiera que sea elegido tiene que repensar la cantidad de dinero que está saliendo, especialmente para comprar amigos”.

Pese a eso, dice Guillermo Almeyra, sectores conservadores y timoratos del chavismo buscan conciliar con ellos o incluso se hacen sus cómplices pasivos. Pero ahí están frente a ellos los gérmenes de poder popular y los militares y civiles chavistas jacobinos, en una alianza de facto. Por eso, aunque el terreno de lucha por ahora es el electoral, hay que prepararse para otros escenarios, añade. Maduro, con una ventaja de entre 15 y 20 puntos en las encuestas de opinión, tiene de su lado la poderosa imagen de un Chávez en la cúspide del fervor popular, y suma los recientes triunfos electorales del Psuv en las presidenciales y en las gobernaciones (20 de 23). Le falta que su propia figura pase el escrutinio de los electores.

El debate existe en filas chavistas, al menos mediáticamente. El politólogo Nicmer Evans advirtió a Maduro que “tú eres el conductor de un proceso donde no eres el líder, líder sólo fue Chávez, ahora tú eres un medio para alcanzar un fin, el fin de que sea el pueblo su propio líder”. El sociólogo Javier Biardeau le respondió que en las actuales circunstancias de la revolución bolivariana, sería un desastroso error y extravío expresar o insinuar que Maduro no encarna cualidad alguna para ser el líder del proceso.

Maduro debe colocarle un cerrojo a la posibilidad de la restauración, o evitar meter el término socialista en el cajón de los anatemas, cuidándose además de abrirle las compuertas a una opción reformista-desarrollista en el seno de las fuerzas bolivarianas, inclinadas ya sea a una defensa subrepticia del neoliberalismo, del capitalismo (en cualquiera de sus variantes) o de la democracia representativa, incluso presionado no sólo por Washington sino por una derecha más inteligente que se mueve en el eje de UNASUR, ya sea o no tutelada por Washington o restringida en sus planteamientos de reformas profundas y radicales, como las fuerzas identificadas por Mariátegui como reformistas mediocres, socialistas domesticados o demócratas fariseos, añade Biardeau.

Capriles Radonski, por su parte, quien ha retomado un discurso sumamente agresivo y descalificador dirigido esencialmente a los sectores antichavistas duros, tiene el desafío de preservar, al menos, la votación obtenida en octubre y resistir la formidable onda expansiva generada por la muerte de Chávez, que ha sensibilizado a las franjas moderadas de la oposición. Sacrificó en su discurso los elementos de su campaña de 2012: los guiños al pueblo chavista, su aceptación de las misiones, el matiz amable. Tal vez lo que buscaba era polarizar con Maduro y sacar de la campaña el simbolismo de la figura de Chávez, pero terminó polarizando con la imagen del fallecido presidente.

Si el Capriles radical que estamos viendo es real o solo una estrategia de protección contra los adversarios mientras se consolida la transición, se verá más adelante.

Precisiones sobre el pleito entre Santos y Uribe

Por Jorge Enrique Robledo

Es verdad que Juan Manuel Santos traicionó a Álvaro Uribe.

Se cumplió la advertencia de Daniel Coronell cuando en la campaña electoral dijo que Santos era el único uribista capaz de traicionar a Uribe, hecho que explica su estrellón.

Pero está por aclararse que ese pleito es por razones de forma y no de fondo, lo que no elimina la traición, porque el acuerdo que llevó a Uribe a elegir a Santos fue sobre qué promover desde el gobierno, pero también sobre cómo hacerlo. ¿Si el candidato Santos le hubiera advertido al presidente Uribe que iba cambiar la manera de promover los “tres huevitos”, habría sido el jefe del Estado? ¿O si le hubiera anunciado que cambiaría el estilo de enfrentar al gobierno venezolano y a las Farc?. Por ruido que haga esa disputa, ello no significa que sea, realmente, de fondo. Porque puede demostrarse que Santos y Uribe son bastante más parecidos y coincidentes que diferentes y contradictorios, si se miran a profundidad las cosas.

Para comprender mejor esta riña, de cómo lo agudo de una controversia no debe confundirse con su profundidad, los colombianos tienen a la mano peleas incluso violentas entre compadres por un partido de fútbol o las de Lleras y Turbay, Ospina y Gómez o Pastrana y López, al igual que un caso dramático en extremo: la violencia liberal-conservadora provocó cuatrocientos mil muertos, pero los jefes de ambos partidos la terminaron con el simple acuerdo de aplicarle el tapen-tapen a ese horror, repartirse poder político, burocracia y contratos al cincuenta por ciento y continuar con las mismas orientaciones económicas y sociales en las que coincidían desde antes de la matanza.

En lo que tiene que ver con la estructura económica, social y política imperante, Santos y Uribe, al igual que Gaviria, Samper y Pastrana, siguen las fórmulas del Consenso de Washington, que determinan, para mal, toda la vida del país. Por ejemplo, es innegable que los une el respaldo a los tratados de libre comercio, aun cuando el ministro de Agricultura tenga el descaro de lavarse las manos presentando a su gobierno como una víctima de la administración anterior en este aspecto. Y Santos y Restrepo continúan con la política agraria de Uribe y Arias, exceptuando la restitución de tierras, que no tiene poder suficiente para modificar el modelo Carimagua en aplicación, y menos si no se cumplen, como no se cumplirán, las promesas de restitución de Santos (http://db.tt/Em9mKTgW).

En cuanto a las relaciones con Venezuela, tan no son estratégicos los cambios, que cuentan con el respaldo de Washington, que tiene a Santos como su mejor espolique contra los gobiernos rebeldes del continente. Y cómo no respaldarlo si, ya como Presidente, confesó: “Yo soy pro estadounidense” (Semana, Feb.12.11). De otra parte, Santos ha insistido en que no adelanta el proceso de paz con las Farc para entregarles el poder o acordar transformaciones de fondo en el país, sino para que cese la confrontación armada.

Que se hagan votos para que concluya con éxito el proceso de paz no debe llevar a respaldar a Santos ahora ni en su reelección. Porque es el jefe máximo de las concepciones que históricamente le han impedido a Colombia liberarse del anquilosamiento productivo y la pobreza, con una particularidad también repudiable: son tantas sus destrezas en el arte de engañar, que engatusó a Uribe y confunde a quienes no entienden el verdadero alcance de sus políticas, al tiempo que les brinda coartadas tramposamente progresistas a unos que sí saben cuál es el fondo de sus astucias.

Colombia solo podrá superar sus gravísimos problemas una vez las mayorías ciudadanas decidan respaldar una opción de transformación democrática profunda y dejen de escoger entre quienes defienden las políticas que mantienen un statu quo inicuo, así sea con matices diferentes. Como su propuesta de convergencia y salvación nacional es la única capaz de empezar a sacar a Colombia de la gravísima crisis en la que se debate, el Polo no caerá en la trampa de respaldar a Santos tras el señuelo de contener a Uribe.

Coletilla: Contundente la demostración de Manuel Sarmiento sobre la conspiración del santismo contra la tutela en salud (http://db.tt/15Qj3Xe6). El consejo de ministros debe declarar impedido a Alejandro Gaviria para la reforma a la salud (http://db.tt/qj1lKPpT). Escandaliza el roscograma del santismo con las EPS (http://db.tt/IrLKl2D8).

Polo Democrático, de tumbo en tumbo por el 9 de abril y la paz

Por Horacio Duque Giraldo (*)

Miopía política y sectarismo sin fin en lo que queda del PDA

El alicaído Polo Democrático, ahora propiedad privada de los señores del Moir y su desnaturalizado maoísmo, no resistieron el voltaje de la espectacular movilización del 9 de abril en apoyo de la paz que se construye en La Habana. Están en un vaivén violento que alimenta el dogmatismo, el sectarismo y el envanecimiento de su cretinismo parlamentario. Terminaron del lado del ídolo de los tres caínes, el energúmeno adicto a la violencia paramilitar con millonadas en paraísos fiscales.
Omitieron el análisis concreto de la situación concreta, como lo recomienda el leninismo, se fueron por las ramas y con artilugios ridículos, dijeron que sí pero que no. Que no le jalan a las tareas puntuales de la paz y que les importa un bledo si en eso también está Uribe Vélez, que recoge en sus corrales a los renegados maoístas de todos los pelambres.
Todo lo cual no hace sino profundizar la crisis de esta minúscula facción seudo izquierdista, atrapada por el fango de la hedionda corrupción del gobierno de Samuel Moreno, artífice de uno de los mayores desfalcos al Estado con el conocido carrusel de los Nule. A quien, con el mayor descaro, los actuales directivos del Polo defienden con amor, hasta llegar al punto de expulsar al Partido Comunista de su membresía con argumentos de la peor condición.

Definitivamente el Polo Democrático va de tumbo en tumbo. No entienden ni atienden argumentos, pues les puede más el odio de secta. ¿O no doctor Romero?

(*) Artículo tomado de la página Prensa Rural (www.prensarural.org).