Así funcionaba la oficina del hacker Andrés Sepúlveda

Antonio Saavedra trabajó hombro a hombro con Andrés Sepúlveda. Durante meses pensó, escribió y trinó, desde más de 800 cuentas falsas en Twitter.

Hacker.

En diálogo con KienyKe.com confesó que la liberación de su exjefe lo puso nervioso; sin embargo, su recaptura, 24 horas después, lo tranquilizó, “me dejó un poco más tranquilo, cuando lo dejaron libre me preocupé por mi seguridad”, dice con una sonrisa que deja ver algo de temor.

El joven decidió contar por primera vez a un medio de comunicación el modus operandi de la oficina del hacker Sepúlveda, el lugar en el que, cuenta Saavedra, “se hizo guerra sucia, se consumió marihuana, cocaína y se tomaba del pelo con un par de muñecos inflables”, porque según dijo, “gran parte del tiempo se hablaba de sexo”. En su momento, la controversia entre las campañas surgió en torno a la legalidad del trabajo de Sepúlveda y su grupo de colaboradores.

Mientras desde la esquina del candidato presidente, Juan Manuel Santos, se acusaba a Zuluaga de haber contratado a un “hacker delincuente para estropear el proceso de paz y hacer una guerra sucia en su contra”, desde la del candidato uribista se decía que al momento de contratar a Sepúlveda “no habían manchas” sobre su trabajo. Sepúlveda es señalado de haber saboteado el proceso de paz. Saavedra dice que entre sus funciones estaba la de “atacar y desprestigiar” a los candidatos presidenciales que se disputaban con Zuluaga el cargo público más importante del país.

La labor para la que fue contratado Saavedra se convirtió entonces en la más tortuosa de su vida. “Entre menos pregunte mejor”, le advirtió a Saavedra Katerine Mateus, la mujer que en la oficina 211 de la calle 93b con 17, en el norte de Bogotá, centro de operaciones del hacker,“se convertía en la patrona en la ausencia Fernando”.

Según Saavedra, “Mateus era la mano derecha de Sepúlveda, si él no estaba ella era la jefe”. Lo que le dijo este joven a KienyKe.com coincide con lo que Rafael Revert, exjefe de seguridad informática de la oficina de Sepúlveda, narró a la Fiscalía. El español le dijo al ente acusador que “además de ser la amante de Sepúlveda, Mateus era la directora de la campaña de redes… la parte negra de Óscar Iván”. Revert fue quien grabó el video que publicó la revista Semana, en el que se ve a Zuluaga conversando con Sepúlveda sobre ataques en redes sociales a otras campañas.

¿Cómo empezó Saavedra el peor trabajo que ha tenido?

Tras varios meses desempleado, encontró una opción laboral que le llamó la atención. “Sepúlveda trajo a conocidos y amigos para trabajar a su lado, buscaban un community manager, hombre o mujer, con experiencia mínima de un año en social media, y en pocos días yo ya hacía parte de ese grupo de trabajo”.

En esa entrevista Katherine Mateus no dio pistas de lo que sería el trabajo. “Es para manejar las redes sociales de un candidato a la presidencia”, le dijo Mateus a Antonio. Lo extraño, “y me di cuenta cuando llegué a mi casa”, es que Rebeca, como se hace llamar en Twitter Katherine, le dijo que iba a trabajar para Uribe. “¿Para Uribe? Bueno, no importa, necesito trabajar”, pensó el joven. “El día que empecé a trabajar me dijeron que me iban a pagar quincenalmente $900 mil”. Mientras Revert sostiene que Sepúlveda era tacaño, Saavedra señaló que “Andrés pagaba a tiempo, además nos daba el almuerzo y el trasporte de regreso a casa”.

Cuando la cantidad de trabajo no lo permitía, por la correría del candidato o sus contricantes por alguna zona del país, pedían domicilio al restaurante El Frijol, a pocas cuadras de la oficina.

¿En qué consistía el trabajo?

El joven, feliz porque era un desempleado menos, lentamente perdió el entusiasmo. Con los días se dio cuenta de que su trabajo, aunque legal, no era del todo ético. La estrategia diseñada por Sepúlveda tenía dos frentes de trabajo: “la parte negra” y “la parte blanca”. En la primera, los community managers a cargo de más de 500 cuentas, “todas falsas”, según Saavedra, tenían la misión de “atacar, desprestigiar y ensuciar” a los contrincantes de Oscar Iván Zuluaga. “Pero al que más palo le dábamos era a Santos, aprovechábamos cualquier medio embarrada para caerle, por ejemplo la vez que se cayó de la bicicleta los diseñadores hicieron varios memes aprovechando el accidente”.

La parte blanca de la estrategia era para defender a Zuluaga y apoyar sus propuestas. “Desde más de 300 cuentas falsas hacíamos eco de las virtudes de nuestro candidato, las cuentas más activas en este sentido eran @comunidadOIZ@amigosOIZ@caravanaOIZ”. Aparte, dice Antonio, “teníamos una fan page que se llamada Amigos de Óscar Iván Zuluaga”. Allí se publicaba contenido que hacía referencia a las propuestas del candidato, contra el proceso de paz y citando a encuentros con jóvenes que votarían por el candidato del Centro Democrático.

¿Cuántas personas ponían en marcha la estrategia de Sepúlveda?

“Cinco mujeres y ocho hombres (incluyendo a Andrés Sepúlveda) poníamos en marcha la estrategia. El grupo de trabajo no sólo era conformado por community managers, también lo integraban el desarrollador web, un diseñador con copy y un encargado de la seguridad informática.” Todos ellos, según Saavedra, ganaban en promedio 900 mil pesos, a excepción de Mateus, que recibía tres millones de pesos por su labor.

¿Qué tenía más aceptación y repercusión en la estrategia?

El trabajo del diseñador era fundamental, él “creaba las piezas gráficas con las que se atacaba a los otros candidatos, el candidato que recibía mayor número de ataques era Juan Manuel Santos pero cuando Peñalosa empezó a subir en las encuestas, empezó a recibir muchos ataques”.

Ambiente de trabajo

Es difícil pensar que en este ambiente de trabajo había amabilidad, pero Saavedra asegura que “era muy cordial, con muchos chistes y todos nos la llevábamos bien”.  Sin embargo, asegura Saavedra, Andrés Sepúlveda y Katherine Mateus “siempre estaban muy acelerados porque estábamos a dos meses de elecciones, entonces los candidatos andaban por toda Colombia haciendo campaña, tenían que estar atentos para replicar cualquier error y lanzar el ataque”. Con algo de autocrítica, pero entre risas, Saavedra reconoce que casi siempre “el ambiente era machista. Al principio la única mujer era Katherine y hablábamos mucho de sexo. Después ya llegaron otras muchas y tocaba respetar”, comenta entre risas.

En la oficina había dos muñecos inflables. Uno se llamaba Fer Jenks y el otro Meloscu. El primero tenía el rostro de una mujer pegado a la cara. Los dos juguetes servían para hacer chistes y controlar el estrés que a veces se sentía en la oficina. Tanto Saavedra como Revert coinciden en este punto: Sepúlveda y sus primos, que eran parte del equipo, “eran aficionados a la cocaína”. “Sobre todo los lunes llegaban enguayabados, en las fiestas había de todo, incluso marihuana”, cuenta Saavedra.

En esas fiestas, según le contaban a Saavedra durante los almuerzos en El Frijol, “el trago abundaba, incluso hablaban de rematar la noche con prostitutas”. En este sentido, Ravert dijo: “El man este (Sepúlveda) se demoró en comprar unos equipos, porque siempre se gastaba más la plata en putas que en comprar equipos, la verdad. El man se gastó ese equipo, que vale $10 millones. En una semana se gastó $10 millones en putas, dos millones y pico por día (sic).”

Con tanto desorden, ¿cómo se organizaba el trabajo?

Para Sepúlveda, la tecnología fue la mejor aliada. “Teníamos un grupo en WhatsApp y otro en Skype por donde nos mandábamos piezas gráficas y orientaciones del contenido que tenían que tener los trinos de ataque y defensa.”

El día que del allanamiento del CTI

“Ese día no estábamos todos en la oficina, faltaban dos personas, una se había retirado y la otra persona estaba enferma. El diseñador, que era uno de los primos de Andrés Sepúlveda, estaba afuera con él y el mejor amigo de Andrés. El resto estábamos en nuestras labores normales. Llega el CTI de forma violenta, nos pide que dejemos de hacer lo que estamos haciendo, que pongamos las manos en alto y nos hacen esperar en una salita y se llevan los equipos, los discos duros y dos computadores Mac. A nosotros nos dejan ir porque en nuestros computadores no encontraron nada comprometedor. Las únicas personas que quedaron fueron Katherin y Andrés”.

¿Ahora qué?

Antonio Saavedra cuenta esta historia con tranquilidad. Se permite hacer chistes. Sabe que sus actuaciones lo dejan al margen del proceso judicial que sigue la Fiscalía. Cuando Sepúlveda quedó libre durante pocas horas, Saavedra sintió miedo. Teme alguna represalia futura por parte de quienes integraron el equipo de interceptación. Sobre política, tema de fondo de toda esta historia, Saavedra recuerda que el día de la entrevista con el grupo de Sepúlveda, no reveló su tendencia ideológica para lograr el puesto. En la primera vuelta de las presidenciales votó por Clara López. Ahora sólo tiene claro que no votará por Zuluaga.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s