AUGE DEL CAPITAL FICTICIO

Por Luz Betty Jimenez de Borrero / Pablo A. Borrero V.
El capital ficticio es aquel que está representado en títulos valores (acciones, bonos hipotecarios o de deuda pública, etc) que le proporciona a sus tenedores ingresos bajo la forma de dividendos, cuyo movimiento financiero se realiza en las bolsas de valores del mundo capitalista globalizado.
A diferencia del capital real vinculado al desarrollo de la producción de bienes y servicios, el capital ficticio no constituye riqueza real y su carácter ilusorio se descubre particularmente durante las quiebras bursátiles, al estilo de la que se presentó recientemente en el caso de INTERBOLSA, generando un desplome del valor de las acciones, de lo cual se aprovecharon los grandes especuladores para enriquecerse a costa de la ruina de un sinnúmero de pequeños y medianos accionistas e incluso de grandes tenedores de títulos de valor. En la medida en que dicho capital ficticio crece y con él surgen nuevas compañías de seguros, sociedades fiduciarias y fondos de pensiones cuyo saldo final asciende a $19 billones,
Existe la posibilidad de que sus beneficiarios, es decir los centenares de colombianos que han depositado sus ahorros con destino por ejemplo a lograr una futura jubilación resulten seriamente afectados en sus intereses, en momentos en que la economía del país atraviesa por un proceso de desaceleración y enfermedad holandesa y el comportamiento del sistema financiero se vuelve más frágil, lo cual comienza a reflejarse en algunos indicadores económicos relacionados con el estancamiento del crédito y de los préstamos y el incremento de la cartera morosa de consumo, contaminada por un ambiente de desconfianza e inseguridad que se acrecienta como consecuencia del manejo fraudulento de los títulos de valor que le ha dado la oligarquía financiera que concentra la mayor parte de la riqueza de la sociedad.
En medio de este panorama conviene alertar a los trabajadores, pensionados y ahorradores en general sobre el riesgo que corren sus dineros, en tanto se profundiza la espiral financiera generadora de una especie de burbuja especulativa, cuyos efectos conocidos en USA y en Europa trajeron graves consecuencias para miles de ciudadanos, negocios privados, cuya recuperación y salvamento corrió por cuenta del Estado.
El flujo del capital ficticio es estimulado desde el Estado cuando ejecuta acciones financieras, a través de las denominadas operaciones de mercado abierto (OMAS), que le permiten al gobierno emitir bonos con altas tasas de interés que son colocados en el mercado interno e internacional, al cual acuden presurosos los inversionistas y especuladores (capital golondrina) para adquirirlos, comprometiendo de esta forma los ingresos y la capacidad de endeudamiento del Estado con graves consecuencias para la economía del país.
El auge y desarrollo del capital ficticio no solo es generador de la especulación financiera sino del parasitismo de un sector de la clase dominante que nada tiene que ver con la creación de riqueza real que sirve de base del bienestar y la prosperidad general.
El Control Ciudadano Sobre la Gestión Pública es Condición Indispensable para el Ejercicio de la Democracia y la Convivencia Social
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