El mundo no se acabó el 21 pero…

 Científicos de diferentes partes del mundo, la Administración Aeroespacial de Estados Unidos (NASA) y hasta el papa Benedicto XVI afirmaron que el mundo no se acabaría el 21 de diciembre, como lo pronosticaban las profecías mayas.

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No obstante te mostramos algunos escenarios fatídicos posibles para la ciencia, aunque, por fortuna, también improbables.

Los científicos han establecido que una pandemia podría extenderse con mucha rapidez y efectividad gracias a la red global de rutas aéreas. Sin embargo, cabe destacar que los medios para combatir epidemias han mejorado. Por ejemplo, un brote de influenza o Sars son una posibilidad, pero no es probable que un virus pueda exterminar a toda la humanidad.

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Los supervolcanes no tienen forma cónica y puede abarcar kilómetros bajo tierra y sus explosiones no tienen comparación. El supervolcán ubicado bajo el parque Yellowstone, en Estados Unidos, tiene la capacidad de expulsar a la atmósfera 2.000 millones de toneladas de materiales tóxicos que provocarían el equivalente a un invierno nuclear. Su última supererupción ocurrió hace 640.000 años.

Existen algunos antecedentes: en septiembre de 2012, un asteroide pasó a 2,5 millones de kilómetros de la Tierra. Para febrero del próximo año los científicos han establecido que una roca de 45 metros de diámetro pasará muy cerca a nuestro planeta que podría impactar un satélite. Sin embargo, las probabilidades de que eso ocurra son de una entre 700.000.

A los enormes arsenales nucleares de Estados Unidos y Rusia, que comprenden el 90 por ciento de las armas nucleares en el mundo, hay que agregar el ingreso de nuevos países al selecto grupo de naciones que poseen armas de destrucción masiva. La posibilidad de que Irán consiga la bomba atómica (como afirma Israel y la comunidad internacional en general), el conflicto entre las dos Coreas, o entre India y Pakistán, hacen pensar que una guerra nuclear es probable. Según análisis científicos, un conflicto de esa escala podría matar a una quinta parte de la población mundial en 10 años y generar un invierno nuclear.

Cuando explota una estrella gigante, fenómeno conocido como supernova, puede liberar más energía que la del Sol emitirá en toda su existencia. Esa cantidad de radiación podría exterminar la vida de cualquier planeta que se interponga en su camino.  La última observada en la Vía Láctea ocurrió en 1604.  Se cree que hace 440 millones de años una supernova extinguió el 60 por ciento de la vida marina en el planeta.

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