El fin del mundo

Por Álvaro Cuadra

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Ante las profecías del “Fin del mundo”, inspirada en una cierta lectura del calendario Maya, lo que llama la atención es el modo cómo los medios de comunicación son capaces de construir una noticia basados en cualquier pretexto. Como una bola de nieve, la “Híper Industria Cultural” ha logrado que en todos los rincones del planeta la muchedumbre espere con temor el solsticio de diciembre 2012. Hollywood se ha encargado de diseminar imágenes apocalípticas, mientras la televisión multiplica sus reportajes al respecto. El apocalipsis es, después de todo, un muy buen negocio para los medios y el turismo.

El espectáculo cotidiano del mundo con su carga de guerras, crisis económicas, crímenes y catástrofes medioambientales pareciera crear el clima propicio para las profecías más oscuras. Es paradojal advertir cómo frente a tanta desgracia no surge una conciencia de nuestra “responsabilidad ciudadana” sino, al contrario, el sentimiento de un fin inminente. De esta manera, las injusticias, la violencia y la crisis económica se buscan en causas exóticas, ajenas al control y la responsabilidad de los hombres y, en ningún caso, a un sistema político y económico que está – literalmente – destruyendo la vida en el planeta.
Los cientos de turistas que esperan el “Fin del mundo”, instalados en cómodos “resorts” próximos a Chichén Itzá, olvidan que el verdadero apocalipsis acontece en millones de seres humanos que padecen hambre, o son víctimas de la violencia y la guerra en muchas partes del mundo. La condición humana en esta era de la “globalización” bascula entre la ansiedad y el temor, donde la solo la idea de una catástrofe final consuma una “cultura de la muerte” Desde hace ya un buen tiempo, el ruido del espectáculo mediático ha silenciado aquellas preguntas fundamentales, de modo que nuestras sociedades han perdido su capacidad de ponerse en tela de juicio.
El verdadero “Fin del mundo” ya ha llegado para muchos niños en Siria o Gaza, para pueblos enteros diezmados en el África subsahariana o para aquellos asesinados en una escuela en Newtown. El “Fin del mundo” está a la vuelta de la esquina para millones de niños y adolescentes en toda América Latina, condenados a la vagancia, la prostitución, las drogas y el crimen. Si lo pensamos bien, la verdadera catástrofe no es que una tormenta solar pudiera acabar con el mundo entero, la verdadera tragedia de la humanidad es nuestro silencio, nuestra indiferencia cómplice frente a un presente injusto, ignominioso e indigno.
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