Colombia. ¿Perspectiva de paz o de guerra?

Por Luis Arce Borja (especial para ARGENPRESS.info)

Surge una serie de interrogantes a partir de las  negociaciones del conflicto interno en Colombia.

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¿Es fiable negociar con un gobierno corrompido que nunca ha sostenido su palabra y que cada gesto o acción que realiza es solamente para favorecer a los grupos de poder y a los Estados Unidos?.

Qué ganan las FARC y el pueblo en esta negociación?. ¿Es posible negociar una guerra entre clases sociales?. ¿La “paz oficial” será un factor determinante para resolver los problemas de los pobres en este país?. Si las negociaciones es para dejar de tirar tiros, ¿Qué va pasar con los terratenientes y capitalistas?. Por qué se insiste en las negociaciones del conflicto armado, si ellas nunca dieron resultados favorables. ¿Desarmarse para dejar el campo libre a los represores del pueblo?. Guerrilleros y representantes del gobierno de Colombia han establecido la “Mesa de Diálogos por la paz”. Las reuniones se iniciaron en Cuba y se prosiguieron en Oslo (Noruega. Después de Oslo, es Cuba el país anfitrión para continuar las negociaciones. El primer día de negociaciones en Oslo (15 de octubre 2012), Iván Márquez representante de las FARC señalo que este acuerdo de paz tiene que discutir las soluciones a los problemas económicos y sociales del pueblo colombiano. El delegado del gobierno colombiano contestó en forma tajante que en esta mesa de negociación “no se va a discutir ni la doctrina militar ni el modelo económico ni la inversión extranjera”.

Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) es el grupo guerrillero más antiguo de America Latina. Su antigüedad es paralela a sus propuestas de “cese el fuego, tregua y paz”. Inicio sus acciones armadas en 1964 y de ellos mas de 30 años ha intentado con pocos éxitos y resultados desastrosos convencer a sus interlocutores del Estado Colombiano de buscar una solución política negociada al conflicto armado. Las negociaciones entre este grupo y el gobierno de Juan Manuel Santos han generado el entusiasmo general en America Latina y otras partes del mundo. Desde Cuba hasta Chile se ha inflado un ambiente de paz y reconciliación. Barak Obama, responsables actual de las mas brutales guerras imperialistas, dijo que las FARC “deberían aprovechar esta oportunidad para poner fin a décadas de terrorismo y narcotráfico». La ONU, cómplice de genocidios en Irak, Afganistán Libia y Siria y otros países pobres, subrayó que era optimista por las garantías que se deba al desarme de la guerrilla. El papa Benedicto XVI, envió un mensaje desde el Vaticano señalando que subversivos y el gobierno “se dejen guiar por la voluntad de perdón y reconciliación, en la sincera búsqueda del bien común”.

¿A quien sirve las negociaciones?

Hay que recordar que ninguna negociación de paz entre un grupo subversivo y el Estado ha sido favorable para el pueblo. No hay un solo caso en la historia de la lucha social que muestre lo contrario. La experiencia negociadora guerrilla-Estado entrega un saldo desastroso para los pueblos de America Latina. La “pacificación” y derrota de la guerrilla latinoamericana ha sido una de las ambiciones de los grupos de poder y los Estados Unidos. Las “negociaciones” o los diálogos de paz”, como forma “pacifica” de resolver el conflicto armado, se ha convertido en instrumento contrainsurgente eficaz. Los ejemplos más recientes respecto a la negociación del conflicto armado muestra que no ha servido para aliviar la miseria, la explotación y la violencia contra los oprimidos.
Los grupos de poder se han servido de la estrategia de paz para conducir a la derrota a diversos grupos subversivos y consolidar su dominación. En Colombia, al inicio de los años 90 diversos grupos guerrilleros mordieron el anzuelo de la negociación. El resultado fue la extinción y derrota de estos grupos políticos. Algunos de sus dirigentes fueron asesinados cuando ya se habían insertado en el sistema político oficial.

Como señala Álvaro Leyva Durán del Observatorio de Construcción de Paz, la “memoria en Colombia es una memoria corta, nadie sabe que hubo un grupo alzado en armas que se llamó el Quintín Lame y que YA DESAPARECIÓ A TRAVÉS DEL DIÁLOGO, así como el EPL, el PRT, el M-19 y parte del Ejército de Liberación Nacional”. En America Latina, como en ninguna otra parte del mundo, las negociaciones de paz resultaron una trampa para desmovilizar al pueblo y acentuar el brutal sistema de explotación. Los procesos de diálogos y la firma de acuerdos de paz, al contrario de lo que se ha publicitado, han significado más sufrimiento para los oprimidos. Sólo han servido para extender el carácter militar y opresor de los estados auspiciadores de los acuerdos de paz. El Salvador (1992), Guatemala (1996), Perú (1993). En estos países después de más de 20 años de los acuerdos de paz ha crecido la pobreza extrema, la desocupación, y la violencia contra la población. Los estados se han militarizados y las leyes sirven solo para proteger gobernantes corruptos y mafiosos. La eficacia contrainsurgente de los acuerdos de paz resultaron más eficaces que la misma represión militar. Si en el campo de combate el ejército perdía la guerra, salió triunfante en la mesa de negociaciones.

¿Negociaciones y sociedad de paz y justicia social?

Los representantes de las FARC han dicho que esta negociación es para buscar una “salida pacifica al conflicto armado” y mediante ello concretar “una paz con justicia social”. El Presidente Santos dijo que en las negociaciones no “habrá concesiones de ningún tipo”. A esta negociación se unió el Ejército de Liberación Nacional (ELN), otro de los grupos guerrilleros de Colombia activo desde inicios de la década del 60. Este grupo se pronunció el primero de noviembre señalando que deseaba sumarse a las conversaciones de paz y que aceptaban “comenzar los diálogos con el gobierno de Colombia”. En el caso de las guerras entre clases sociales, no existe ningún tipo de mediación conciliadora que conduzca a una solución definitiva de las contradicciones de clases. No se aplica ni armisticio o acuerdos de paz, ni posibilidades de tratados internacionales que pongan fin al conflicto y en el que los contrincantes queden satisfechos. Las guerras revolucionarias surgen por las contradicciones antagónicas, entre pobres y ricos. Estas contradicciones solo se resuelven mediante la guerra y la derrota militar y política de la burguesía y terratenientes.

El problema fundamental es del poder del Estado. Aquí no hay termino medio ni ningún tipo de negociación. Incluso las reformas que coyunturalmente pueden parecer una solución no resuelven la contradicción fundamental entre pobres y ricos. Una guerra de clases esta impulsada por reivindicaciones históricas sociales. Los pobres luchar para liberase de la explotación, la esclavitud asalariada, la violencia y la injusticia. Su objetivo estratégico es destruir el Estado y la sociedad que los oprime y edificar una nueva sociedad, el socialismo. Por el lado de los grupos de poder, usan la violencia y la represión para mantener el Estado y la sociedad de explotación. En este tipo confrontación de clase Colombia no será una excepción. En este país las contradicciones de las clases sociales aumentan al mismo ritmo que las injusticias, la explotación, la miseria, la violencia y la corrupción de los gobernantes. Tiene razón Juan Leonel Pérez analista de la Agencia de Noticias Nueva Colombia (ANNCOL), cuando advierte que “la clase política que gobierna Colombia desde hace 50 años, no tiene voluntad de paz, lo que quiere es una desmovilización y entrega de armas del movimiento insurgente”.

Este mismo analista señala que la “guerra desatada por la gran oligarquía contra el pueblo colombiano, lleva 64 años y ha cobrado la vida de más de un millón de personas, el desplazamiento de más de 5 millones y la desaparición de 150.000. Por estos desmanes, son muy pocos los procesos judiciales que se han llevado a cabo permaneciendo la mayoría de estos crímenes en la absoluta impunidad”. Juan Leonel Pérez señala que cada proceso de paz en Colombia, solo sirvió para que los guerrilleros y combatientes sean reprimidos y exterminados por las fuerzas armadas de Colombia. Anota que en 1953 los guerrilleros se entregaron en nombre de la paz. En seguida a esta paz el gobierno lanzó a una gigantesca represión contra los comunistas y luchadores sociales. Señala también que en 1957 los grupos guerrilleros se declararon partidarios de la paz y comenzaron a cultivar la tierra en Marquetalia, Río Chito, El Pata y El Guayabero. “hasta allí llegaron en 1964 los aviones y 16 mil soldados” con el objetivo militar de exterminar a los guerrilleros trasformados en pacíficos campesinos. Posteriormente en 1984, narra este periodista, “se firmaron los Acuerdos de la Uribe, nació la Unión Patriótica, esta fue aniquilada, junto a otros movimientos políticos”.

Cuba y Venezuela, no garantizan nada

Que las negociaciones de paz en Colombia estén auspiciadas por Hugo Chávez y el gobierno de Cuba, no cambian en nada los planes contrainsurgentes que se esconden tras estas negociaciones. La participación de Cuba y Venezuela, aparte de encubrir la parte turbia de estas negociaciones, sirven para confundir la opinión pública haciendo creer que mediante la “pacificación” oficial de este país se puede alcanzar la armonía y el bienestar de la población. Hugo Chávez está más cerca del presidente Juan Manuel Santos que de los guerrilleros colombianos. Desde el 2010 existe un acuerdo de cooperación en materia de inteligencia entre Colombia y Venezuela. Esta información de inteligencia, ha servido para ubicar y atrapar una serie de revolucionarios que fueron enviados de Venezuela a Colombia. “Nuestro gobierno actuará contra cualquier grupo irregular, sea el que sea, y entregará a las personas requeridas por Colombia, no importa si vienen de un grupo o de otro”, dijo en noviembre del 2010 Tarek El Aissami, ministro del Interior y Justicia venezolano. Pero aun mas grave, dice el Partido Comunista de Venezuela (13 de julio 2011), la información que intercambia Venezuela y Colombia “es del conocimiento, dominio, manejo y utilización por parte de la inteligencia norteamericana”.

Las autoridades venezolanas, si bien han sido represivos con los revolucionarios de Colombia, no ha sido así con los paramilitares colombianos que se refugiaron en Venezuela. “En el caso del paramilitarismo de ultraderecha colombiano, dice una revista de Venezuela, el gobierno de Chávez, ha optado por una posición más suave. Un caso ejemplar ha sido el indulto a los paramilitares capturados en una finca en las afueras de Caracas en mayo de 2004. En aquella ocasión fueron capturados 112 paramilitares, y en el año 2005, 27 de ellos fueron condenados a penas de entre 2 y 9 años por planificar acciones terroristas. El presidente Chávez indultó en agosto de 2007 a 41 paramilitares que permanecían presos por ese caso, en un gesto amistoso hacia el entonces presidente colombiano, Álvaro Uribe”.
Solo en los primeros meses del 2009, Venezuela entregó a Colombia 15 supuestos guerrilleros del Ejército de Liberación Nacional (ELN). En el 2010, el gobierno de Chávez entregó a Juan Manuel Santos 22 supuestos “terroristas” de las FARC y del ELN. Hasta abril del 2011 volvió a capturar a 5 supuestos dirigentes de los grupos subversivos en Colombia.

Entre algunos de los “entregados” por Chávez, hay que mencionar a Joaquín Pérez Becerra, periodista y director de la Agencia de Noticias Nueva Colombia (ANNCOL). Fue detenido en Venezuela (abril del 2001) acusado de ser dirigente de las FARC y entregado inmediatamente a la policía colombiana. Chávez sin inmutarse por las protestas contra estas detenciones arbitrarias de supuestos “terroristas” señaló que el “Gobierno Bolivariano ratifica así su compromiso inquebrantable en la lucha contra el terrorismo, la delincuencia y el crimen organizado, en estricto cumplimiento de los compromisos y de la cooperación internacional, bajo los principios de paz, solidaridad y respeto a los derechos humanos.” La respuesta de Colombia fue en el mismo sentido. La canciller colombiana, María Ángela Holguín, declaró que la actitud de Chávez, demuestra “el buen camino” que llevan adelante Colombia y Venezuela, en materia de seguridad y lograr que grupos armados que están en la frontera puedan ser capturados”.

El gobierno cubano alienta y aplaude las negociaciones actuales entre las FARC y el gobierno colombiano. Los mismo hizo Cuba en las década del 90 cuando auspició negociaciones en El Salvador, Guatemala y del M-19 (Colombia). Esas negociaciones de paz fueron contrarias a los intereses de estos pueblos cuyos resultados solo sirvieron a los grupos de poder y a los norteamericanos. La posición de Cuba a favor de la negociación de la lucha armada viene desde la mitad de la década del 80 y tiene relación con la distensión entre la ex Unión Soviética y los Estados Unidos. Castro anunció en el tercer Congreso del PC de Cuba (1986) que su gobierno “ha figurado también en la búsqueda de una solución negociada al conflicto centroamericano”. No puede olvidarse, dijo Castro en ese evento, “la necesidad de buscar soluciones políticas negociadas a la guerra en El Salvador y Guatemala”. En 1992 durante una entrevista que concedió a Tomás Borges, el líder cubano emite en extenso su opinión respecto al conflicto armado en El Salvador.

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Un pensamiento en “Colombia. ¿Perspectiva de paz o de guerra?”

  1. El pasado 27 de agosto, la cadena venezolana Telesur informó de que el Gobierno de Colombia y las FARC firmaron ese día en Cuba un acuerdo para iniciar en octubre en Oslo un diálogo que conduzca a la paz de la nación sudamericana después de medio siglo de conflicto armado.

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