Para el recuerdo, reconciliación y alegría, III Encuentro Cultural “Álvaro Ulcué Chocué”

Autor: Comité de Comunicación, ACIN

Los espíritus nos convocan.
El mes de noviembre es para la comunidad nasa el mes para recordar nuestros seres queridos a través de la ritualidad de los espíritus, el Çxapuç: cuando bajan los espíritus.
Allí servimos platos de comidas típicas y los espíritus bajan a comer los mismos manjares que les gustaba saborear en la anterior etapa de su vida. Los espíritus son visibles, se presentan en forma de mariposa que bajan dejándose invitar a una minga de sabores. Es una tradición que se mantiene desde hace mucho tiempo, una memoria presente en la comunidad, una forma de comunicación que nos sostiene como pueblo. Es el tiempo de la evocación, de revivir las palabras, las acciones, los pensamientos, los chistes, las risas, las comidas, el gusto por la vida de aquellos que nos han antecedido en este caminar y que ahora están nuevamente en el seno de Mama Kiwe. Y como todo se entreteje, este mes nuestra comunidad conmemora la muerte de uno de sus grandes líderes, el padre Álvaro Ulcué Chocué, asesinado el diez de noviembre de 1984.
Son 28 años recordándolo y caminando tras sus huellas. Él, y quienes lo rodearon en su época, perfilaron el camino del Proyecto Nasa, camino que avanza, aun en medio de tantas dificultades. El padre Álvaro, mirando hacia el futuro, sabía que luego de la recuperación de las tierras del municipio de Toribío, teníamos que avanzar en lo que constituye el tejido social, especialmente en la educación y en lo económico ambiental, y que estas propuestas tendrían que ser tan revolucionarias como lo fue la recuperación de tierras. El Proyecto Nasa nace para dar el siguiente paso: un ser humano nuevo en una comunidad nueva, cuyo fin último sigue siendo la libertad con sabiduría. Muchos hombres y mujeres que recordamos en esta fecha de los que se fueron adelante, se fueron dejándonos la tierra sembrada.
Gracias a ellos y ellas hoy podemos cosechar muchos frutos del árbol nasa. Las empresas comunitarias, los proyectos productivos, las experiencias educativas,  los espacios de formación, los espacios políticos, los planes de vida, los cabildos, los tejidos de vida, el territorio, los comités… son parte de esos frutos que ellos y ellas tal vez no probaron pero sí ayudaron a sembrar. Este no ha sido un camino fácil, hemos tenido momentos de confusión y dificultades. Y los señores de la guerra nos han golpeado con dureza. Como consecuencia de una violencia sin límites nuestros niños, niñas y jóvenes han sido víctimas, muchos han quedado huérfanos, muchos,  lastimados y muertos por el conflicto guerrerista, muchos, viviendo en la soledad. ¿Cuántos más deberán pagar las consecuencias de una guerra que no iniciamos, no apoyamos y no justificamos?
Por eso también hemos querido, en esta semana de recordación, tener en cuenta a los niños, niñas y jóvenes porque es necesario pedirles perdón y reparar el daño que se les ha causado. Son una generación a la que queremos dejar algo bonito y en gran medida los frutos cosechados los cosechan y cosecharán ustedes. La tierra que recuperaron los mayores es hoy nuestra casa y muchas oportunidades que ellos no tuvieron la tienen hoy ustedes –y nosotros–. Aunque estos frutos no han evitado todo el sufrimiento y el dolor que ustedes han vivido, son frutos que no los tienen otros niños, niñas y jóvenes de América y del mundo, que carecen de un territorio, de un tejido social,  de una organización y unas autoridades que los defiendan.
Tal vez los acontecimientos se desbordaron y sobrepasaron nuestras voluntades. Les pedimos perdón a todos ustedes, niños, niñas y jóvenes de hoy, hombres y mujeres del mañana, por no haber logrado la responsabilidad histórica de dejarles un país en paz para que ustedes no supieran del dolor, de la enfermedad, de la angustia, de la soledad, de la muerte… De tantas y tantas ausencias a tan temprana edad. Edad donde el alma se regocija en el juego, en la observación, en el asombro, en la mentalidad fantástica y poética. A ustedes, a su edad, los cobijó un mundo cruel que muchas veces les dejó un mar de lágrimas. Es hora de reparar ese daño. Por ahora lo hacemos simbólicamente, entre nosotros, para reencontrarnos, reconciliarnos y poder continuar el camino fortalecidos en la unidad, el amor y la solidaridad. Pero no olvidamos y exigimos que un día debe haber verdad, justicia y reparación por parte de los responsables directos.
Así que nos encontramos en Toribío para conmemorar la vida y celebrar sus frutos. No es una evocación para la nostalgia ni la depresión: es para mirar las huellas, retomarlas y seguirlas para continuar el pensamiento, los sentimientos, las palabras de aquellos que nos dejaron sus enseñanzas, su trabajo, sus aportes, sus ideas, sus ejemplos de amor y solidaridad para los que vamos atrás, siguiendo el camino que ellos iniciaron y que nosotros continuamos como una responsabilidad generacional que nos compete. Es para “hacer memoria con sentimiento” y para seguir caminando.
La Institución Educativa Técnica Eduardo Santos y el Cecidic, con el apoyo de la alcaldía municipal de Toribío, el Proyecto Nasa, los cabildos de Toribío, Tacueyó y San Francisco, la parroquia San Juan Bautista, el Tejido de Comunicación – ACIN,  nos hemos unido para participar durante toda ésta semana del III Encuentro Cultural Álvaro Ulcué Chocué, que nos permita recordar, reflexionar y vivir la alegría de una semana con múltiples actividades.

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