SIN PRETENDER AGUARLES LA FIESTA…..

Por: J.C.E.  

De la lectura inicial al texto del “Acuerdo general para la terminación del conflicto y la  construcción de una paz estable y duradera”, vuelve, sin que sea un pleno sentimiento de rechazo, a generar algunos interrogantes como ese de poder decir “Te fijas? Yo te lo advertí”.

Primero, la sociedad civil –que por cierto no tiene todavía una definición aceptable, pues hasta del alzado en armas se dice es un civil “descontento”- seguirá como espectadora. Tácitamente se la ubica en el plano de la minusvalía política; así las dos partes dialogantes –llevan más de un año en ello, se ha dicho- proclamen voz en cuello que apadrinan al pueblo. ¿Por qué no permiten que los ciudadanos comunes y corrientes podamos expresar nuestras querellas? O bien le temen a que la masa se desborde, o bien somos considerados incapaces.

Segundo, el nutricio pastel minero le permitirá al imperio reoxigenarse frente a China, Australia, Sudáfrica y hasta Brasil, puesto que tiene en sus alforjas unas 50.000 y más concesiones de exploración –léase explotación- de nuestros recursos del subsuelo por obra y gracia del ‘narcotraficante 82’, entonces sólo falta es que “los muchachos” no saboteen las maquinarias ni los campamentos, incluso no boletéen a los ingenieros y contratistas. Como ningún ejército estaría en condiciones de brindarles seguridad a las transnacionales mineras en esa inmensidad de territorios donde se ubican las áreas de concesión, pues bueno, de papaya, han decidido –imperio y lacayos- hasta concederles la libertad de acción política a los alzados.

Tercero, en consecuencia, a quienes hemos venido sin armas bregando por libertades, justicia y paz en Colombia, nos queda sólo la opción del PC3? La voz del común vuelve a susurrar: ‘En este país la autoridad favorece al victimario’, y de paso se realimenta la idea del seudoparlamentarismo.

Cuarto, eso de que “nada está acordado mientras todo no esté acordado”, es síntoma del acorralamiento en que se halla la guerrilla. Los ciudadanos de la calle sí tenemos mecanismos para hacer que los puntos de consenso se adopten como legislación innovadora. Con la movilización  y hasta con referendos podemos consolidar cada paso logrado en pro de la paz.

Quinto, en medio de este desastre climático –vivo en una zona donde predomina la economía agraria- echo de menos que el concepto de paz que manejan los dialogantes – repito, llevan más de un año en esas vueltas- respecto de la primera paz: LA PAZ CON LA NATURALEZA. ¿Dónde se menciona en el texto del acuerdo el asunto del cambio climático? Ninguna mención a la destrucción del ecosistema, sea por cuenta de la gran minería o de los derrames de crudo vía ‘voladuras del tubo’.

Sexto, y qué decir frente a “la negociación en caliente”. EL CESE ABSOLUTO AL FUEGO DEBE SER CONDICIÓN INDISPENSABLE para ambientar las negociaciones. Qué lástima! Se condena ‘la experiencia de El Caguán’ para reincidir en lo mismo.

Que conste, aspiro poder decir mañana: “Lo siento, estaba equivocado”, pero que La Virgen nos tenga de su manto.

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