“Reserva minera estratégica”, ¿para quién?

Por Jorge Salgado / Chocó 7 días 

Hace dos semanas el Presidente Santos anunció en la Conferencia de Naciones Unidas Río+20, en Río de Janeiro, Brasil, que Colombia incorporaba 17,6 millones de hectáreas de los departamentos del Chocó, Amazonas, Guaviare, Guainía, Vaupés y Vichada a las denominadas “áreas de reserva minera estratégicas”. 

Agregó que la nueva “zona de reserva” se suma a las 2,9millones de hectáreas que ya habían sido declaradas en la misma categoría el pasado 24 de febrero en departamentos de la costa y el centro del país, y que la decisión se tomaba como una muestra del compromiso del país de cumplir las “ambiciosas metas de desarrollo sostenible”. Es probable que algunas personas interpretaran este anuncio como un avance en la defensa del medio ambiente y que dichas áreas, por llevar incluida la palabra “reserva”, se entendían como zonas donde se prohibían las actividades mineras, en forma análoga a lo significado cuando se habla de “reserva forestal”.

Pero no es así. En realidad es lo contrario. De acuerdo con el Ministro de Minas y Energía, Mauricio Cárdenas, las llamadas “áreas de reserva minera estratégicas” son zonas donde no rige el procedimiento tradicional de solicitudes de títulos mineros o contratos de concesión, basado en el principio de “primero en el tiempo, primero en derecho”, y donde cualquier persona natural o jurídica, nacional o extranjera, se acercaba a la oficina competente y llenaba los trámites legales. Si sobre el área solicitada no existía impedimento alguno y si cumplía las normas a cabalidad, recibía dicho título. En las “áreas de reserva minera estratégicas” no opera este mecanismo.

Estas zonas se consideran especiales por sus grandes potencialidades en oro, platino, cobre, uranio, hierro y coltán, y el gobierno nacional, a través de la Agencia Nacional Minera, ANM, las organiza en bloques o polígonos alinderados y las ofrece en rondas o subastas al mejor postor entre las empresas mineras interesadas, “en un proceso competitivo entre aquellas que cumplan con altos estándares en materia técnica y de desarrollo minero”. Y está claro que en estas rondas o subastas el pequeño y el mediano minero quedan derrotados por las grandes multinacionales. Lo que conduce a concluir que las“áreas de reserva minera estratégicas” son zonas excluidas para la pequeña y mediana minería, son zonas reservadas para las grandes multinacionales, la esencia y objetivo de la llamada “locomotora minera”.

El Ministro de Minas y Energía, Mauricio Cárdenas, amplió la información en una entrevista a la revista Semana y presentó un mapa con las nuevas zonas de reserva minera estratégica, donde aparece una zona de 450 mil hectáreas que incluye todo el municipio de Juradó (135 mil hectáreas) y gran parte del municipio de Riosucio (315 mil hectáreas). El viceministro de Minas, Henry Medina, la complementó afirmando que en el noroccidente del Chocó, o sea en Juradó y Riosucio, existe un potencial de platino. En palabras castizas, el gobierno nacional acaba de determinar que todo el municipio de Juradó y gran parte de Riosucio queda reservado para las multinacionales mineras, allí no podrán existir los pequeños mineros, que ni se les ocurra presentar solicitudes de títulos minero porque ni siquiera le serán recibidas.

Estas 450 mil hectáreas reservadas para subasta se suman al millón cuatrocientos mil hectáreas del Chocó en trámite o ya entregadas a las multinacionales mineras, totalizando hasta el momento un millón ochocientos cincuenta mil hectáreas en trámite, entregadas o en subasta a las multinacionales, sin que autoridad o comunidad alguna del Chocó haya sido consultada. Como buitres revoloteando en torno a un animal agonizante en una llanura, 35 multinacionales mineras acumulan o solicitan títulos o se preparan para las subastas en el Chocó, mientras a diario se acrecientan los operativos para erradicar a los pequeños mineros, sindicándolos de ser peores criminales que los narcotraficantes.

Solo esperan el momento propicio para aterrizar, abrir sus oficinas, hundir las garras y los picos en las carnes del moribundo Chocó, y reeditar con mayor saña, más modernas maquinarias y en toda la extensión departamental la depredación efectuada en el siglo XX por la multinacional Chocó Pacífico S.A. en la zona del San Juan.

¿Permitirá el pueblo chocoano este nuevo saqueo?

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