Yo conozco a Sigifredo

Por: Julio César Londoño / El Espectador .com

La historia no puede ser más absurda: un hombre trama con las Farc los detalles de una operación criminal que desembocará en el cinematográfico secuestro de los diputados de la Asamblea del Valle, incluido el ‘cerebro’ de la operación, que también es miembro de esa duma.

En recompensa por el éxito del golpe, el hombre pasa siete años en la selva en manos de la guerrilla más vieja, estúpida y cruel del mundo, sufre todos los oprobios imaginables, no ve crecer a sus hijos, no disfruta del final de su infancia ni de la fiesta de su adolescencia, no puede asistir al entierro del suegro, que muere de pena moral, la madre sufre gravísimos trastornos de salud por estrés traumático, el rendimiento académico de los muchachos cae en picada, la esposa es víctima de avivatos que le venden falsas esperanzas y la familia toda sufre por largos años el infierno del secuestro y las obvias afugias económicas.
Cuando es liberado, las cámaras muestran al hombre prematuramente envejecido, ha perdido varios dientes, tiene el pelo completamente blanco, gastritis severa, estenosis aórtica y hernia discal.Luego escribe un libro donde maldice a las Farc y denuncia muchos de sus crímenes, entre otros el reclutamiento de niños. En un pasaje atroz, se cuenta la historia del niño que fue condenado a muerte por comerse una lata de atún. Otro niño, primo del infractor, fue obligado a ejecutar a cuchillo la sentencia. ¡Y ahora la Fiscalía viene y nos dice que el hombre, Sigifredo López, es una ficha de las Farc!
Esto no se lo cree nadie, ni Santiago, el segundo al mando del Manuel Cepeda Vargas, el frente urbano que realizó el secuestro de los diputados el 11 de abril de 2002, quien negó de plano desde su celda en la cárcel de Cómbita (Boyacá) la complicidad de Sigifredo en el secuestro de los diputados; ni lo cree Fabiola Perdomo, que se ha solidarizado de manera incondicional con Sigifredo (ella es la vocera de las familias de los exdiputados y viuda de Juan Carlos Narváez, el mejor amigo de Sigifredo durante el cautiverio); ni lo creo yo, que vi llorar a Sigifredo de rabia y dolor mientras trabajábamos juntos en la redacción de El triunfo de la esperanza.
No lo cree Federico Renjifo, el ministro del Interior, quien dijo: “Me aferro a la esperanza de que Sigifredo pueda demostrar su inocencia”; y estoy seguro de que también cree en su inocencia otro ministro que lo quiere mucho, Rodrigo Pardo, quien escribió en el prólogo del libro: “A Sigifredo le quitaron la libertad durante siete años pero no la dignidad ni su talante político, ni mucho menos su sensibilidad. Su fe en la poesía, que se convirtió en una vía de escape, en una forma de vida, en su testimonio de amor a la familia, al país y a los once hermanos que se quedaron en la selva, sigue intacta”.
También creyó en él Saramago, que lloró de emoción al saber que su Ensayo sobre la ceguera le había ayudado a Sigifredo a sobrellevar los días del cautiverio y que después lo invitó a pasar una semana en su casa en la isla de Lanzarote, donde hablaron de muchas cosas y sostuvieron la hermosa discusión sobre la existencia de Dios que cierra El triunfo de la esperanza. Allí Sigifredo, el creyente, y Saramago, el ateo, libran un combate lleno de respeto, de inteligencia y bondad.
La resiliencia de Sigifredo es pasmosa. Yo lo he visto levantarse airoso de varias derrotas, sacudiéndose el polvo con una sonrisa triste pero ya listo a enfrentar el siguiente desafío que le proponga la vida, a luchar por sus sueños, por sus hijos y por el país. Estoy seguro de que también saldrá de esta; saldrá libre porque es inocente y porque las fábulas de la Fiscalía no resisten el más somero análisis.
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Un pensamiento en “Yo conozco a Sigifredo”

  1. Es increíble la manera como las personas que nos gobiernan crean telones de humo y mentiras para mantener su hegemonía. En verdad espero que toda esta mentira tenga que ser retractada y que dejen que este líder político continúe su carrera. Lo que no entiendo es por qué hay tanta demora para encarcelar a los matones del pueblo (de los más humildes) políticos que simpatizan, auspician y protejen a grupos que se caracterizan por su maldad y sevicia usando la política y el derecho; hay pruebas, testimonios, confesiones y el señor Uribe y sus secuases siguen libres y hasta se lanzan de candidatos…

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