Un secuestro buscado y ¿En qué momento se nos jodió Palmira?

Por John Tenorio desde La Recta

Un secuestro buscado

Roméo Langluá, un reportero francés a quien medio conocen en su país.

Un hombre con sentido social, pero experto en artes marciales, que dizque entiende a la perfección el santo y seña, y todas las claves habidas y por haber que le dan los guerrilleros de las Farc para que divulgue en Europa la lucha que ellos están dando dizque por los más pobres en Colombia. Este periodista francés que vestido con un uniforme militar le dio por salir corriendo al encuentro con los muchachos allá en el Caquetá, ha vuelto a poner en jaque la diplomacia colombiana y la seguridad nacional.

El país asiste desconcertado a este nuevo show mediático que podría considerarse, desde ya, como la versión repetida  del secuestro de Ingrid Betancourt, algo así como la crónica de un secuestro buscado. Ahora, tendremos al nuevo presidente francés, Fransuá Hollande, pidiendo que despejen la zona del secuestro y que suspendan las acciones militares. A las Farc, convocando a debates periodísticos. Y a la familia del francesito demandando al Estado colombiano por un una alta cifra en euros; es decir, nos demanda a nosotros, que somos el Estado.

Mejor dicho, vuelve juega el temita del secuestro. Con la importancia que le dan a las Farc en Europa, el cuento del francés secuestrado es ahora un “papayazo” para que la guerrilla más vieja del mundo se dé un verdadero “vitrinazo” internacional. Bueno… ¿y la paz? ¡Tre via merci! ¡Bien gracias!

¿En qué momento se nos jodió Palmira?

Palmira ha vuelto a ser noticia nacional, pero ya no por sus logros sociales sino por sus crímenes capitales.

Este año, ya van dos descuartizados, un suicidado y para rematar, un decapitado. El lugar común: la Comuna Uno y la Galería Las Delicias. Los protagonistas más comunes: La gente que viene de otras partes. ¿Qué está pasando aquí para que lleguemos a matarnos los unos a los otros? ¿En qué momento se nos jodió Palmira? Deben estar felices los que le echan el agua sucia a la dirigencia, aduciendo que la ciudad es violenta y que el muertómetro no se detiene. Puro cuento.

La realidad es que la violencia en los hogares representa un alto porcentaje de los asesinatos en Palmira. Al menos así lo dice el Observatorio de Seguridad y Convivencia. Estoy convencido de que junto a las obras de infraestructura deberíamos pensar también en las obras del corazón. O ponerle corazón a las obras sociales. Porque es en los hogares y en nuestro corazón donde comienzan las guerras.

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