En el fondo de todo hombre, hay una mujer. La invitación a orinar sentados…

Por: John Jairo Tenorio desde la Recta
Es paradójico. Mientras que para los chinos el sanitario es un lugar que invita a la reflexión, para el mundo occidental es un sitio que genera discusión.
Y así como criticamos que  las mujeres siempre van al sanitario acompañadas de otra mujer, sin saberse por qué, para algunos hombres el sanitario es un objeto de contrariedades, eso sí, sabiendo por dónde y con qué…… El eterno conflicto entre las parejas que usan un mismo sanitario es ver cómo el hombre chorrea la tasa sin misericordia, con la consabida cantaleta de la mujer que -en muchas ocasiones- se ve obligada a usar una especie de cono de papel para orinar de pie y así evitar contagios. Hace poco, leí en una Revista española que en un aeropuerto francés habían solucionado el problema de los sanitarios salpicados de miados masculinos. ¿Cómo lo hicieron? Sencillo: instalaron orinales con la imagen de un mosquito en el fondo de la tasa. Claro, cuando entraban orinar, los hombres se entretenían apuntándole con su pene al mosquito. Y de esa forma no chorreaban el borde la tasa.
Pero la máxima para evitar que los machos ensucien el sanitario sin ninguna consideración hacia las mujeres, se la inventaron los genios alemanes de la publicidad y el mercadeo durante el Mundial de Fútbol de Alemania, en el 2002. Resulta que por sugerencia de la sanidad, mandaron a hacer sanitarios con una pequeña cancha de fútbol pintada en el fondo de la tasa. De esa forma, los hombres que insisten en orinar de pie buscaban hacer su golazo sin derramar el agüita amarilla por los bordes, o en el piso. En los países europeos es casi obligatorio para los hombres, no salpicar con orines el borde de la tasa del inodoro. Por eso hay avisos por todas partes anunciando sanciones drásticas para quienes lo hagan.
Hace poco, cuando se conmemoró el Día Internacional de la Mujer, fue pertinente recordar que muchas de ellas, como la presentadora Paola Turbay, aseguran que sienten envidian hacia los hombres por poder orinar de pie. Y no sentados, como ellas. Yo, en cambio creo que eso es un falso privilegio. Pregunto: ¿Por qué el hombre no puede orinar sentado sin ser considerado una mujercita? Ya muchos personajes internacionales han confesado, sin ningún pudor, que orinan como lo hacen sus esposas. Y aseguran, como dice un prestigioso urólogo palmirano, que orinar así es bueno para la próstata porque masajea ese órgano y nos evita su desproporcionado crecimiento hasta contraer el temible cáncer de próstata.
Muchos hombres han decidido derrumbar el mito del machismo y gritarle al mundo que no han dejado de serlo por sentarse en el trono y hacer “pipí” sin poner en riesgo su condición de machos alfa. No se por qué, pero cuando sucede esto siento que ese cuento de la masculinidad y de sentirnos más hombres dizque porque no hacemos algunas cosas que hacen las mujeres, es un cuento que se inventó el machismo para marcar su territorio. Está claro: La masculinidad no es un hecho biológico, sino una construcción ideológica.  Al igual que no orinar sentado, para el hombre parecería estar prohibido no llorar, no utilizar cremas limpiadoras, no depilarse las cejas, no tinturarse el cabello, no recibir flores de regalo o -lo que es igual- que no haya un Día del Hombre. En fin, no sentir lo que siente una mujer.
Ignoramos, como lo dice la filósofa francesa Elisabeth Badinter en su libro “El uno es el otro”, que en el fondo de todo hombre subyace una mujer y en el fondo de toda mujer hay un hombre escondido. ¿Qué le impide, por ejemplo, a un hombre hacer oficios hogareños como barrer o trapear o mejor asumir el papel de amo de casa, mientras ellas proveen los ingresos? En Argentina, por ejemplo, ya hay una asociación de amos de casa que reclama sus derechos. Y hay más: Está demostrado que en el vientre materno y antes de que el feto defina su verdadero sexo, el fetico asume la identidad femenina, es decir que primero somos mujeres.  Después de nacer lo que viene es una lucha tenaz y permanente por adquirir la condición masculina. Pero esa lucha hace al hombre más hostil y hasta violento, sólo por no reconocerse como mujer, porque eso es lo que le nos han metido en la cabeza. Por eso, es común que en los enfrentamientos entre varones salga a relucir la frase: ¡Demostrame que sos hombre! ¡Demostrame que sos varón! Como si no  bastara con parecerlo.
Los odios conyugales se presentan entre las parejas cuando salen a flote detalles como el rechazo a limpiar el baño, después de usarlo o al menos dejar el biscocho limpio. Estoy convencido de que esas obligaciones biológicas y moralistas que nos impone el rol masculino para no orinar sentados, llevaran al hombre a morir de pie reclamando la sensibilidad que ha perdido. En el Día de la Mujer vaya nuestro reconocimiento a esos hombres que, aún siendo hombres de verdad, no se dejan intimidar por hacer lo que ellas hacen, entre otras cosas orinar sentados. Hasta pronto…
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