Ser pobre en Estados Unidos…

Por: John JairoTenorio

¡Cómo cambian los tiempos! Todavía tengo en mi mente la imagen de los vecinos de la familia Valencia -mis primos- en el barrio San Pedro de Palmira.

Resulta que en cada diciembre, cuando venían de Estados Unidos a pasar vacaciones a la Villa de las Palmas solían traer los juguetes de moda con los que chicaneaban en el barrio, mientras contaban sus historias para ingresar casi clandestinos a Estados Unidos. Recuerdo también que el muñeco por el que yo chorreaba la baba era el de Batman o Robin, que según los prósperos viajeros del norte, conocían en persona y hasta les daban autógrafos. ¡Cómo cambian los tiempos! Antes, irse para Estados Unidos era toda una proeza. Ahora es toda una pobreza. En el 2012, la tasa de pobreza en Estados Unidos se ha elevado a niveles tan dramáticos que los gringos la están viendo color de hormiga. Y ya no están dispuestos a derrochar como antes lo hacían. Ahora viven tan asustados que sienten el fantasma de la Gran Depresión respirándoles en la nuca.

Como diría el Representante a la Cámara, Wilson Arias, “todo Imperio tiene su fin”. Fue en 1928 cuando la Gran Depresión norteamericana dejó miles de suicidados que prefirieron la muerte, antes que enfrentar la cruda realidad de la pobreza. Hoy, según lo reporta el periódico El Nuevo Herald, de Miami, en Estados Unidos hay 46 millones de personas en la física olla, es decir, el equivalente a toda la población colombiana. La situación está tan tenaz que el Diario El Tiempo, de Colombia, publicó el pasado domingo 5 de marzo, una semblanza de hombres y mujeres que viven en campamentos en las afueras de las grandes ciudades norteamericanas y tienen como dormitorios los viejos buses escolares, esos armatostes amarillos con letras negras en las que se lee “School Bus”. Son miles de desarraigados por la pobreza que viven en las llamadas “Villa Miseria” que ya algunos se atreven a denominar “Obamavilles”.

Para quienes alguna vez hemos seguido de cerca el desarrollo de la sociedad norteamericana, todavía nos retumba en los oídos aquella frase que escribió Scott Fitzgerald en los años previos a la Gran Depresión: “Ser pobre en Estados Unidos es una broma de mal gusto”, solía decir el novelista. Pregunto: ¿Será que estos temas de la pobreza gringa, que hoy son noticia en el mundo, le interesarán a los productores de películas estadounidenses tan enseñados a mostrar la miseria de otros países, como Haití, pero no la propia? Históricamente, la vida de los que tienen menos nunca le ha interesado a Hollywood. La pobreza es gris y desesperada. Carece de glamour y de drama -al menos de ese drama que seduce a los productores como Steven Spelberg- y, como dice un el sociólogo Noam Chomsky, “por muy esperanzador que sea el desenlace de una historia ambientada entre gente pobre, la idea general suele ser que, por uno que escapa de la calle o el hambre, hay cientos que quedan atrás”.

Ahora sí hay que estar pilas con la frase aquella que promociona la cancillería de Colombia para que los extranjeros visiten nuestro país, porque así como estamos siendo invadidos por los venezolanos que llegan a Colombia huyéndole a la revolución bolivariana de Hugo Chávez, no está lejano el día en que el riesgo es que los gringos se quieran quedar en Colombia…¡a trabajar vendiendo minutos!

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