LOS SILENCIOS DEL ALCALDE DE CALI RODRIGO GUERRERO

Por: Germán Ayala Osorio / Comunicador social y politólogo    

La élite tradicional de la ciudad de Cali está feliz porque con la llegada de Rodrigo Guerrero Velasco, recuperaron para sí, el control del poder político de la capital del Valle del Cauca.

Con su llegada, se piensa y se espera que dé otro tipo de liderazgo y que la ciudad tenga una transformación moral y ética, capaz de borrar los desastres que dejaron las tres últimas administraciones, sostenidas en proyectos políticos emergentes.    Pero todo puede quedarse en mera retórica política, a juzgar por la forma como se hizo el empalme entre las administraciones entrante y la saliente. En ese proceso de relevo del poder, hubo temas y asuntos que Guerrero aprobó, aceptó, a pesar de irregularidades e inconsistencias que, en un franco ejercicio de transparencia política, el entrante mandatario local prefirió pasar por alto, firmando actas de recibido sin objeciones, a pesar de que sí había ocasión a revisar, por ejemplo, contratos y gastos que podrían terminar en detrimento de recursos públicos, entregados a Ong. Es decir, apareció nuevamente el Estado patrimonialista y el populismo, investidos bajo el ropaje de lo social. El tema de la seguridad en Cali es neurálgico y es claro, que en lo que concierne a la tasa de homicidios, ésta creció durante la administración saliente de Ospina, lo que significó, al final, que no se lograra reducir de 70 a 45, el guarismo de asesinatos, por cada 100 mil habitantes.

Lo cierto es que los dineros entregados a la Policía son cuantiosos y los resultados poco halagadores. La solución a los problemas graves de seguridad de la ciudad no pasa por entregar más y más recursos económicos a la Policía. No. Hay que revisar muy bien cómo está operando la fuerza policial, infestada por dos elementos claramente negativos: de un lado, una creciente burocracia, ineficiente en lo operativo, pero exigente a la hora de pedir privilegios y recursos que se gastan sin mayores controles. Y de otro lado, la corrupción que campea en dicha fuerza armada. Ante los graves problemas de inseguridad que hoy soportan los caleños, lo gastado por sucesivos gobiernos locales, hace pensar en la necesidad de revisar a fondo la forma como opera la Policía, las relaciones de control que debe ejercer el alcalde sobre esta fuerza armada, en la idea, por supuesto, de replantear el concepto de seguridad, reducido al uso de la fuerza, aumento del pie de fuerza y la instalación de cámaras de seguridad. La Policía, de tiempo atrás, viene siendo una rueda suelta a la que le faltan controles efectivos. Este resulta ser un asunto público de especial importancia, que bien debe discutirse públicamente.

Un insumo importante para hacerlo es revisar la efectividad del macro programa Cali es Vida, del que al parecer no existe información que dé cuenta de un proceso de evaluación de su impacto en lo que tiene que ver con el tema del de la seguridad en la Sultana del Valle. ¿Por qué Guerrero no hizo públicas las inconsistencias, los reparos e incluso, las dudas que las comisiones de empalme hicieron alrededor de asuntos relacionados con el gasto de dineros públicos, en temas de seguridad, por ejemplo? ¿El silencio de Guerrero implica, acaso, legitimar poderes poco claros que están detrás de proyecto emergente que venía gobernando la ciudad y al departamento? ¿Por qué si la candidatura de Guerrero fue vendida como un renacer ético de la ciudad, el principio de la transparencia queda por fuera y sometido a un silencio que es, a todas luces, una transacción política inconveniente? ¿Estamos ante un pacto con claras conveniencias políticas? ¿Quién está detrás de ello, el vicepresidente, Angelino Garzón?

No es bueno para la ciudad que un representante de la élite tradicional haga transacciones éticas y políticas con aquellas fuerzas políticas que medios como EL PAIS, que apoyó la candidatura de Guerrero y que lo respaldará hasta el final, han venido señalando como oscuras e indebidas, y que se suelen relacionar con la figura y el actuar del ex senador Juan Carlos Martínez Sinisterra.

Las inconsistencias encontradas en el ejercicio de las comisiones de empalme debieron ser expuestas públicamente y enviadas a los organismos de control. Estamos ante un inicio gris de una administración que poco logrará cambiar o modificar los graves problemas de legitimidad y gobernabilidad de una ciudad que no sólo está en manos de los bancos, sino en las de fuerzas oscuras que terminan legitimadas por silencios como el que hoy guarda el alcalde de Cali, Rodrigo Guerrero Velasco. Resta esperar, entonces, a que pase lo mismo cuando le toque a Guerrero Velasco entregar el cargo y la administración a quien lo sucederá en unos años. Nuevamente se dará un pacto entre caballeros, un pacto de conveniencias políticas, que parece explicar el silencio del actual alcalde de Cali y explicará, el de su sucesor.

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