“Valió la pena dejar las armas”: Antonio Navarro Wolff

El ex gobernador de Nariño en la Era de Gustavo Petro

Por: Viviana Londoño Calle / El Espectador

El nuevo secretario de Gobierno de la capital le augura mejores momentos a la izquierda, defiende el Polo Democrático y asegura que el alcalde Gustavo Petro va a transformar la vida de los bogotanos.

Hace más de 20 años dejaron las armas, después de comprobar que nunca llegarían al poder como militantes del M-19. Hoy, después de llegar al segundo cargo más importante del país, Gustavo Petro y Antonio Navarro Wolff están convencidos de que pueden lograr la trasformación social que defienden desde entonces. Convertido en el nuevo secretario de Gobierno de Bogotá, Navarro Wolff, el compañero de militancia, el amigo y aliado político del nuevo alcalde, tendrá el desafío de mejorar la seguridad en la capital y sacarla de la crisis de gobernabilidad en la que la dejó la administración de Samuel Moreno. Aunque reconoce que su tarea no será fácil, está convencido de que su experiencia como gobernador de Nariño es la mejor garantía de poder hacerlo bien.

Usted es uno de los fundadores del Polo Democrático, ¿cree que con el triunfo de Gustavo Petro a través de Progresistas se estaría reconfigurando la izquierda hacia esta nueva bandera? Claro. Estoy convencido de que la izquierda tiene un espacio muy importante, posibilidades muy grandes en Colombia. Nosotros somos la única excepción en Suramérica y no hay razón para que en Colombia no haya un gobierno de izquierda. La prevalencia de la lucha armada ha hecho que una parte de la opinión pública ligue una cosa con la otra, cuando son totalmente diferentes, y eso ha sido la principal dificultad. Ahora tenemos la oportunidad de demostrar que la izquierda en Bogotá sí puede hacer un gobierno eficaz y transparente.

Así como usted, varios de los acompañantes del alcalde también vienen del Polo, ¿cómo garantizarles a los bogotano que va a haber diferencias? Creo que ya está demostrado por la actitud que asumieron los que se salieron del Polo. Sin embargo, no hay que estigmatizar al Polo, porque se ha hecho de manera exagerada. Hay gente que cometió errores, pero la gran mayoría de gente del Polo es buena, con la cual se puede y se debe trabajar.

¿Cómo evitar que la tan mentada Secretaría de Seguridad no termine convertida en un fortín para la burocracia? Cuando se cree esa secretaría, la única preocupación para el secretario va a ser la seguridad y va a tener más tiempo para dedicarle a ese tema. El funcionario tendrá que ser de nivel, es esencial su calidad para evitar que se convierta en un cargo burocrático.

¿Cree que su trayectoria supliría la falta de experiencia administrativa del alcalde Petro? He aprendido que la experiencia se consigue muy rápido, lo que hay que tener es buenas ideas, liderazgo y un buen equipo, y Gustavo tiene las tres cosas.

Cuando Petro fue congresista ejerció un control muy fuerte, ¿están conscientes de que el Partido Conservador y el de la U intentarán hacer un control similar con la actual administración? Me parece muy bien, la democracia sin oposición no es democracia. Esperamos que sea seria, porque al tener quien controle se cometen menos errores.

¿Cómo va a asegurar la gobernabilidad, teniendo en cuenta que el alcalde ganó con poco más del 30% de los votos? El apoyo de la opinión pública va a ser fundamental con su participación y decisión en los cabildos. Gustavo habló con todos los otros candidatos y yo también voy a hacerlo. Vamos a tomar todas las buenas ideas de todos, hay que hacer un proceso de inclusión. Además, queremos tener una coalición en el Concejo que sea amplia, donde puedan tener espacio muchos sectores que quieran ayudar con relaciones transparentes.

Ustedes hablan de prohibir el porte de armas, pero el mayor porcentaje de homicidios se cometen con armas ilegales. ¿Qué van a hacer para controlar ese mercado? La restricción de armas legales le quita la tentación o el riesgo a un ciudadano de bien de cometer un error grave, pero la mayor parte de los homicidios se cometen con armas de fuego o armas blancas, entonces hay que trabajar en un programa en contra de éstas, En el caso de armas de fuego se están identificado áreas de venta y los sitios en donde se alquilan.

Si bien la tasa de homicidio en Bogotá es la más baja del país (21%), llegó a un piso de cristal difícil de superar, ¿cómo lograr mejores resultados? En Nariño, por ejemplo, bajé la tasa de homicidios de 49,9% a 36%, eso es más fácil que bajar de 21% a 18%, ahí se necesitan medidas muy específicas, la restricción del porte de armas es una de ellas. Además hay que hacer un diagnóstico de los homicidios para poder actuar sobre ellos y en eso estamos trabajando.

Hoy es indefinido el número de ollas que hay en Bogotá, ¿cómo piensa atacar el narcomenudeo? Debido a las normas legales existentes no es un asunto fácil de resolver. Si la cantidad de droga que se captura es menor que la establecida, no se puede meter a la cárcel al expendedor, entonces se captura y al día siguiente está en la calle. Es un tema que hay que pensar bien.

¿Ya se reunió con los taxistas para discutir cómo afrontar temas tan críticos para la seguridad como los paseos millonarios? No me he reunido todavía con ellos, pero el general Martínez, comandante de la Policía de Bogotá, ya lo hizo. Existe un esfuerzo grande para que no haya impunidad en las agresiones a los taxistas y queremos volver a insistir en que ellos nos ayuden con la seguridad, también los vigilantes privados. Es un esfuerzo colectivo entre sociedad, autoridad civil, autoridad policial y, por supuesto, Fiscalía y justicia.

En múltiples ocasiones se han denunciado las irregularidades administrativas en el Fondo de Vigilancia y Seguridad de Bogotá. ¿Van a hacer algún cambio de fondo en esa entidad? Vamos a ejercer todos los controles sobre el funcionamiento y la contratación, no puede seguir siendo un fondo sólo para comprar vehículos. El presupuesto de este año supera los $170 mil millones y tenemos la intención no sólo de controlar, sino de transformar el uso de esos recursos. Una de las propuestas es que todos los policías que quieran y puedan tengan estudios universitarios con parte de estos recursos para elevar su nivel.

El año pasado muchas de las marchas hicieron colapsar la movilidad en algunos sectores de la ciudad, ¿cuál es su estrategia para regular este tipo de manifestaciones? No vamos a limitar las marchas, pero haremos todo lo necesario para que sean marchas pacíficas, ordenadas, que alteren lo menos posible la vida de la ciudad. Mi decisión es que se van a seguir permitiendo, porque son un derecho constitucional, mientras se hagan organizadas van a tener todo el respaldo de la Alcaldía.

¿Cómo va a manejar las relaciones con el Concejo? Con sumo cuidado. No soy de los que manejan las relaciones con cuerpos colegiados a punta de clientelismos. Tenemos claro que queremos una relación con el Concejo, pero va a ser a través del diálogo y la transparencia.

Anuncios del alcalde como la integración de las empresas de servicios públicos no han sido bien recibidos. ¿Es consciente de que las propuestas de este gobierno van a ser atacadas por muchos sectores? Atacadas, pero también defendidas. La prohibición al porte de armas, por ejemplo, ha sido muy bien recibida. El tema de la integración ha tenido sus bemoles, pero eso es parte de la democracia. Una de las cosas que están marcando a este gobierno es que tiene propuestas y hay que marcar la diferencia, pero con un marca de fábrica que es la inclusión social. Eso es ser de izquierda.

¿Qué tanto de lo que aprendió como gobernador de Nariño piensa implementar en Bogotá? Aprendí a administrar con las uñas, eso tiene que servir porque aquí hay más recursos. Por otro lado, tengo buena experiencia en presupuesto participativo y desde la administración se va a liderar el proceso de cabildos abiertos en la ciudad. También me va a servir haber manejado problemas de seguridad, tener relaciones con la Policía y con las Fuerzas Militares.

¿Cómo va a lograr que funcione el proceso de los cabildos? Creo que sé lo suficiente para hacerlo de manera eficiente. Lo primero es organizar los cabildos por niveles, unos más pequeños, más o menos con 40 mil habitantes para temas más locales, un segundo nivel de localidades para temas más grandes y uno de ciudad. Además, es indispensable tener un techo presupuestal para empezar, esto no puede ser una botadera de corriente, porque siempre habrá más necesidades de recursos. Hay que priorizar lo que se pueda hacer con ese dinero y llevar a cabo una preparación previa a la toma de decisiones que sea muy cuidadosa y he aprendido que la gente es muy sensata, sabe priorizar.

¿Están preparados los bogotanos para decidir en qué se debe invertir el presupuesto? Claro que sí. Si estaban preparados los municipios de Nariño, cómo no van a estarlo los bogotanos. Esto parte de una verdad: el dueño del dinero público es el ciudadano que paga impuestos, no el administrador. Nosotros somos empleados de los ciudadanos, la gente sabe la mejor manera de usar su plata, sabe qué es lo que más necesita y qué produce mejores efectos para su sociedad.

Usted militó al lado de Gustavo Petro en el M-19, ¿qué siente hoy al estar con él en el segundo cargo más importante del país? Nos alzamos en armas para buscar el poder y transformar la sociedad, pero cuando nos dimos cuenta de que no íbamos a tenerlo, decidimos que no nos íbamos a morir de viejos en la guerrilla. Esto, más que un triunfo, es la oportunidad de aplicar las ideas que hemos defendido por tantos años, valió la pena la paz, valió la pena dejar las armas. No es fácil que un exguerrillero llegue a un cargo como la Alcaldía de Bogotá y estamos aquí para demostrar que la reconciliación sí vale la pena.

¿Cómo conoció a Petro? Lo conocí cuando siendo miembro del M-19 fui designado cabeza de una comisión de diálogo en la época del gobierno de Belisario Betancur. Buscábamos hacer un proceso de diálogo en 1984 y 1985 que finalmente no fructificó. Gustavo trabajaba en Zipaquirá y con él organizamos varios actos públicos en varios municipios de Cundinamarca. Desde entonces hemos recorrido un gran camino. Con los acuerdos de paz de 1991 subimos como palma y después caímos como coco. Ese bache, esa baja de opinión pública desde 1992 hasta 1998, fue tal vez el momento más difícil que hemos pasado. Cuando firmamos la paz no sabíamos lo que sabemos hoy, éramos muy novatos y se nos fue de las manos un apoyo muy grande. Tuvo que pasar todo este tiempo para llegar a tener una responsabilidad como la Alcaldía de Bogotá.

¿Cómo ve hoy a Gustavo Petro, a su compañero de los últimos treinta años? Crecido, muy crecido. Él es un hombre muy inteligente, siempre lo ha sido, pero ahora me sorprende favorablemente, me parece que está muy bien. Estoy convencido de que vamos a tener un éxito importante. No vamos a hacer milagros, pero vamos a lograr transformar la vida de mucha gente.

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