Protesta ciudadana en la Feria de Cali: Se le cayó la estantería a Ospina

Terminó mal el mandato de Jorge Iván Ospina, con su pueblo en contra y refugiado en el respaldo de un sector del empresariado voraz y de una clase dirigente a la que sirvió con obsecuencia, mientras trató con desdén y despotismo a quienes dijo en campaña que iba a reivindicar, a los de abajo.
Por: Luis Alfonso Mena
Quienes aún creían en el contenido social del gobierno del alcalde Jorge Iván Ospina se estrellaron con la cruda realidad en el desarrollo de la Quincuagésima Cuarta Feria de Cali, privatizada por el burgomaestre y enmarcada en una decadencia protuberante. El proceso privatizador viene de tiempo atrás, pero tuvo su mayor expresión en la presente versión de la Feria, cuando la Alcaldía entregó a empresarios privados una de las principales autopistas de la ciudad, la Sur Oriental, para que se llenaran los bolsillos a costa del entusiasmo de los caleños, que esperan un año para ver espectáculos en sus calles. El tramo de la Autopista comprendido entre las carreras 39 y 66 fue sellado con herméticas vallas metálicas y lonas para evitar que los ciudadanos presenciaran sin ningún costo, como corresponde a los espacios públicos, los desfiles de siempre.
El reportero gráfico Julio César Romero, muestra de manera muy oportuna la forma como miles de caleños tuvieron que presenciar el desfile de las escuelas de salsa, el 25 de diciembre, al otro lado del caño que divide la Autopista Sur Oriental, pues las graderías eran para quienes pagaran $64.000. Terrible ejemplo de segregación social.
Pero el alcalde del “nuevo latir” y del “corazón por Cali” decidió que “¡64.000 pesos… no es tan caaaro!”, y les autorizó a particulares cobrar ese monto para que los caleños pudieran presenciar los desfiles en el salsódromo, el 25 de diciembre, y $54.000 para poder ver el desfile del Cali Viejo, el 28 de diciembre, y tenía programado cobrar $44.000 para el desfile de Autos Viejos, el 29 de diciembre, medida ésta que tuvo que revertir ante el rechazo popular. La cabalgata tampoco escapó a la onda privatizadora, y $54.000 fueron cobrados para poder presenciar en tarimas el recorrido de este desfile, que, además, estuvo acompañado de un repudiado arboricidio ejecutado por los nuevos dueños de la calle, esta vez la Avenida Pasoancho, por donde transcurrió la marcha equina. (Ver reportaje gráfico en la edición de ¡Periodismo Libre!). Hasta un abono por $158.000 concertaron el Alcalde y los empresarios por los cuatro desfiles. ¡Qué tal! El abuso total, no sólo porque las calles, avenidas y autopistas son bienes de uso público, y por tanto no debe cobrarse por su utilización para desfiles, sino porque tal cobro configuró un fenómeno de exclusión social evidente.
 Pobladores de Playa Alta y Brisas del Nuevo Amanecer protestaban, el 28 de diciembre, en la Plaza de Caicedo contras las políticas de vivienda de Jorge Iván Ospina.
Para completar el cuadro, en esta oportunidad no se programaron ni la feria infantil ni la feria deportiva, y el alumbrado navideño fue más restringido, pero eso sí, a un alto costo (unos $5.000 millones). El rechazo ciudadano no se hizo esperar y Ospina, que según encuestas (poco confiables, por cierto) tenía más del 70% de aceptación, concluye el mandato con su imagen por el suelo. Pancartas, incluso en los desfiles, reacciones airadas en las redes sociales y protestas por doquier fueron la nota predominante, a pesar del silencio (¡qué raro!) de los medios masivos de comunicación (con valiosas excepciones), muy comprometidos por la pauta oficial, una limitación grave a la libertad de expresión y de información que amerita análisis más a fondo. Mientras tanto, en otro punto de la ciudad, en el corazón de la misma, en la Plaza de Caicedo, pobladores sencillos de los asentamientos Playa Alta y Brisas del Nuevo Amanecer protestaban el 28 de diciembre contra el Alcalde de Cali por la falta de soluciones a sus problemas de vivienda, al tiempo que expresaban solidaridad con los trabajadores de Emcali que exigen, en huelga de hambre, el cumplimiento de una tutela fallada a su favor y que reconoce su reintegro a la empresa (Ver informe en la edición de ¡Periodismo Libre!).
Una política privatizadora
Algunos piensan que el golpe de Ospina a los caleños obedeció a una venganza por los malos resultados electorales de sus protegidos en los pasados comicios, cuando ni siquiera un concejal pudo llevar al Cabildo por falta de respaldo popular. Otros creen que lo invade la desazón por las investigaciones que tiene encima y por la sanción consistente en prohibición de ejercer cargos públicos por seis meses, que le profirió la Procuraduría por incumplir sus obligaciones con el Consejo Municipal de Política Social, al cual, en medio de la arrogancia que lo caracteriza, dejó de asistir. Pero los anteriores argumentos son solamente circunstanciales. Lo cierto es que lo ocurrido en esta Feria está en plena correspondencia con el talante neoliberal de Ospina, quien cierra con “broche de oro” su mandato tan aplaudido por la clase dirigente caleña.
El cobro masivo de las Megaobras, la gran mayoría de las cuales están inconclusas; el escándalo por los sobrecostos de la remodelación del estadio Pascual Guerrero, y la implementación de “soluciones” habitacionales indignas, como los guetos de Potrero Grande, donde hacinó a miles de familias que hoy viven la amenaza del desalojo porque no tienen cómo pagar las cuotas mensuales por 40 metros cuadrados de encierro, son sólo tres ejemplos de la “política social” de un alcalde elegido en medio de muchas expectativas, las mismas que ha defraudado. Y ni hablar de su afán por privatizar el Área de Telecomunicaciones de las Empresas Municipales de Cali, Emcali; la liquidación de la Empresa de Servicios Varios, Emsirva; el esperpento politiquero y clientelista denominado Programa de Guardas Cívicos, que les costó un ojo de la cara a los caleños, y  el crecimiento de los fenómenos de criminalidad e inseguridad a lo largo y ancho de la ciudad.
Terminó mal el mandato de Jorge Iván Ospina, con su pueblo en contra y refugiado en el respaldo de un sector del empresariado voraz y de una clase dirigente a la que sirvió con obsecuencia, mientras trató con desdén y despotismo a quienes dijo en campaña que iba a reivindicar, a los de abajo.
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