“El socialismo es una doctrina triunfante”

Entrevista con Antonio Cândido, crítico literario, sociólogo y militante

Por: Joana Tavares   –   Brasil de Fato

Antonio Cândido, considerado uno de los principales intelectuales de Brasil, habla en entrevista de su profunda creencia en el socialismo como una doctrina exitosa

Crítico literario, profesor, sociólogo, militante. Un sólo adjetivo no consigue definir la importancia de Antonio Candido para Brasil. Considerado uno de losprincipales intelectuales del país, mantiene una postura socialista, cordialidad, elegancia, sentido del humor y optimismo. Antes de comenzar nuestra entrevista, dice que vivió prácticamente todo lo confuso del siglo XX y participó activamente de él escribiendo, debatiendo, participando en manifestaciones, ayudando a dar lucidez, claridad y humanidad a toda una generación de alumnos, militantes sociales, lectores y escritores. Tan bueno en la palabra como en lo escrito, habla sobre su método de análisis literario, de los libros que le gustan, de su infancia, del comienzo de su militancia, de la televisión, del MST, de su profunda creencia en el socialismo como una doctrina triunfante. “Lo que se piensa que es la fase humana del capitalismo es lo que el socialismo le arrancó”, afirma.

Brasil de Fato. ¿Usted es socialista?

Antonio Candido –   Ah,claro, enteramente. Es más, creo que el socialismo es una doctrina totalmente triunfante en el mundo. Y no es una paradoja: ¿qué es el socialismo? Es el hermano gemelo del capitalismo, nacieron juntos en la revolución industrial. Es indescriptible lo que era la industria en el comienzo: los obreros ingleses dormían debajo de la máquina y los despertaban de madrugada a latigazos. Eso era la industria; ahí comenzó a aparecer el socialismo. Llamo “socialismo” a todas las tendencias que dicen que el hombre tiene que caminar hacia la igualdad, que es el creador de la riqueza y que no puede ser explotado. Comunismo, socialismo democrático, anarquismo, solidarismo, cristianismo social, cooperativismo… todo eso. Esas personas comenzaron a luchar para que los obreros no fueran maltratados, después para trabajar solo doce horas, luego, para trabajar hasta diez, ocho; para que las mujeres embarazadas no tengan que trabajar, para que los trabajadores tuvieran vacaciones, para tener escuela para los niños, cosas que hoy son banales.

Conversando con un antiguo alumno, que es un joven rico, industrial, me dijo: “usted no puede negar que el capitalismo tiene una fase humana”. El capitalismo no tiene nada de fase humana. El capitalismo se basa en la plusvalía y en el ejército de reserva. Es necesario tener siempre miserables para tirar elexceso que el capital necesita. Y la plusvalía no tiene límite. Marx decía en la “Ideología Alemana”: las necesidades humanas son acumulativas e irreversibles. Cuando usted anda descalzo, anda descalzo. Cuando usted descubre las sandalias, no quiere más andar descalzo. Cuando descubre los zapatos, no quiere más la sandalia. Cuando descubre los calcetines, quiere zapatos con calcetines y va por ahí, no tiene fin. El capitalismo está basado en eso. Lo que se piensa que es la fase humana del capitalismo es lo que el socialismo le arrancó con sudor, lágrimas y sangre. Hoy es normal que el obrero trabaje ocho horas, tenga vacaciones… todo es conquista del socialismo. El socialismo solamente no acertó en Rusia.

¿Porqué? 

A.C. –  Se volvió capitalismo. La revolución rusa sirvió para formar el capitalismo. El socialismo acertó donde no llegó al poder; hoy esta infiltrado en todos los lugares.

¿El socialismo como lucha de los trabajadores? 

A.C. –  El socialismo como camino para la igualdad. No es la lucha, es a causa de la lucha. El grado de igualdad de hoy fue obtenido por las luchas del socialismo. Por lo tanto, es una doctrina triunfante. Los países que pasaron por la etapa de las revoluciones burguesas tienen un nivel de vida para el trabajador porque el socialismo luchó para tener lo que quería. No voy a decir que países como Francia y Alemania son socialistas, pero tienen un nivel de vida mejor para los trabajadores.

¿Para usted es posible que el socialismo pueda existir triunfando sobre el capitalismo?

A.C. –   Estoy pensando más en la técnica de la esponja. Si de aquí a cincuenta años en Brasil no hubiera una diferencia mayor a diez entre el mayor y el menor salario, si todos tuvieran escuela… no importa que sea con la monarquía, puede ser el régimen con el nombre que sea, ¡no necesita ser el socialismo! Digo que el socialismo es una doctrina triunfante porque sus reivindicaciones están siendo adoptadas cada vez más. No tengo cabeza teórica, no se cómo resolver esa cuestión: el socialismo fue extraordinario para pensar la distribución económica, pero no fue tan eficiente para efectivamente hacer la producción. El capitalismo fue más eficiente porque tiene lucro. Cuando se suprime el lucro, la cosa se pone más complicada. Es necesario conciliar la ambición económica que el hombre civilizado tiene – así como tiene ambición de sexo, de alimentación, tiene ambición de poseer bienes materiales – con la igualdad. Quien puede resolver mejor esa ecuación es el socialismo, de eso no tengo la menor duda. Creo que el mundo marcha hacia el socialismo; no el socialismo académico típico. Las personas no saben lo que va a ser. ¿Qué es el socialismo? Es lo máximo de igualdad económica. Por ejemplo: soy un profesor jubilado de la Universidad de Sao Paulo y gano muy bien, gano probablemente cincuenta, cien veces más que un trabajador rural. Eso no puede ser. El día en que en Brasil el trabajador de pico y pala gane apenas diez o quince veces menos que el banquero, está bien:es el socialismo.

¿Qué avances consiguió el socialismo en el mundo? 

A.C. –  El socialismo es el caballo de Troya dentro del capitalismo. Si quitas los rótulos y ves las realidades, verás cómo el socialismo humanizó al mundo. En Cuba yo vi el socialismo más próximo al socialismo. Cuba es una cosa formidable, lo más próximo a la justicia social; no Rusia, China, o Camboya. El comunismo tiene muchos fanatismos; en cuanto el socialismo democrático es moderado, es humano.Y no hay verdad final fuera de la moderación, eso ya lo decía Aristóteles, la verdad está en medio. Cuando yo era militante del PT – deje de ser militante en 2002, cuando Lula fue electo – era del ala de Lula, de la articulación, pero sólo votaba a los candidatos de la extrema izquierda para tocar a los del centro. Es necesario tener izquierda y derecha para formar la media. Estoy convencido de eso: el socialismo es la gran visión del hombre que no ha sido todavía superada, de tratar al hombre realmente como ser humano. Pueden decir: “la religión hace eso”, pero hace eso sólo para quienes son adeptos a ella; el socialismo hace eso para todos.

El socialismo funciona como esponja: hoy el capitalismo está embebido de socialismo. En el tiempo en que mi hermano Roberto– que era católico de izquierda – comenzó a trabajar, yo era muy chico; él era señalado como comunista por decir que en Brasil había miseria. Decir eso era ser comunista, no estoy diciendo metáforas. Hoy, la Federación de las Industrias -Paulo Maluf- dice que la miseria es intolerable. El socialismo está andando; no con el nombre, pero aquello que el socialismo quiere, la igualdad, está andando. No aquella igualdad que algunos socialistas y los anarquistas decían; la igualdad absoluta es imposible. Los hombres son muy diferentes, hay una cierta justicia en remunerar más a aquellos que sirven más a la comunidad, pero la desigualdad tiene que ser mínima, no máxima. Soy muy optimista.

Brasil es un país pobre pero hay una cierta tendencia igualitaria en el brasileño – apesar de la esclavitud – y eso es bueno. Tuve una suerte muy grande: fui criado en una ciudad pequeña, en Minas Gerais, que no tenía ni cinco mil habitantes cuando yo vivía allá. En una ciudad así todo mundo es pariente. Mi bisabuelo era propietario de tierras, pero la tierra fue dividida entre los hijos. Entonces en mi ciudad el barbero era mi pariente, el chofer de la plaza era mi pariente, hasta una prostituta, que fue una señorita expulsada de casa, era mi prima. Por lo tanto me acostumbré a ser igual a todo mundo. Fui criado con los antiguos esclavos de mi abuelo; cuando tenía diez años, todas las personas con más de cuarenta habían sido esclavos. Conocí inclusive a una esclava, la tía Vitória, que lideró una rebelión contra el señor. No tengo historia de desigualdad social. Digo siempre: tengo temperamento conservador, actitudes liberales e ideas socialistas. Mi gran suerte fue no haber nacido en familia ni importante ni rica; si no, sería un reaccionario. (Risas).

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